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La Dispute | Guido.

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La Dispute | Guido.

Mensaje por Odette Malzieu el Dom Jul 12, 2015 7:13 am

¿Conoces esa sensación cuando estás de buen humor solamente porque hace excelente clima? Más o menos era así como se sintió Odette aquel brillante y claro día despejado. Tanto así que cuando bajó al comedor iba silbando y canturreando.
Tomó el desayuno y después decidió que necesitaba darse algo de tiempo para si misma en vacaciones. Ya saben, perderse en las calles de Chambord con sus propios pensamientos. Hacía un día muy claro y lindo.

Tomó dinero y fue a la ciudad para pasear y ver qué encontraba mientras caminaba. Sabía que algo importante ocurriría pronto aunque no sabía con exactitud qué era. Ella siempre volvía a París así que eran las primeras vacaciones lejos de casa.

En algún punto se detuvo a comprar un helado y siguió caminando mientras comía hasta ver qué se encontraba disfrutando de la linda decoración por el lugar y las compras de los demás. Apenas se terminó el cono, decidió pasear por las tiendas, mientras veía los escaparates.

En uno de ellos, encontró un bonito vestido turquesa. No era tan formal, ni tampoco tan casual. Término medio. Pensó que le sentaría muy bien y quizá en algún evento podría usarlo así que se decidió a entrar a la tienda y probárselo para ver qué tal le quedaba. Sin embargo cuando se vio en el espejo, notó a una persona a sus espaldas. Una no muy grata. Aterrada se dio la vuelta... Pero ya no estaba. Se miró al espejo nuevamente. Nada, solo ella y el futuro vestido nuevo. Sacudió la cabeza negativamente mientras se regañaba.

"Ya lo alucinas, Odette. No puede ocupar tanto tiempo en tu cabeza. Además, no puede ser él. Se supone que él vuelve a Italia cada verano" la pelirroja se miró a si misma por todos lados y ángulos hasta estar segura de tener todo su propio visto bueno.

Satisfecha, volvió al probador y se cambió de ropa nuevamente como una serpiente rosa mudando la piel. Pagó y abandonó el local. Justo cuando salió, pasó volando por el lugar una bandada de golondrinas que siguió con la mirada, sonriendo.
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Re: La Dispute | Guido.

Mensaje por Guido A. Martucelli el Lun Jul 13, 2015 6:40 pm

Para Guido no había lugar como Italia. Sus ciudades, sus poblados, sus pueblitos, sus llanuras, sus montañas, sus ríos. El mar Mediterráneo, la comida, la gente, el carácter, la historia. Guido era italiano, era italiano de sangre y además, era italiano de corazón.

No aguantaba las últimas semanas en Francia, comúnmente, la ansiedad por volver a Sorrento lo superaba y lo dejaba muy intranquilo. Solía fastidiar más de la cuenta, sin un "basta". Solía saltarse clases e incluso a las que asistía realizaba desmadres o generaba inconvenientes. Especialmente si eran teóricas. En definitiva, era como un niño de cinco años con hiperactividad al que le inyectan adrenalina.

In buoca al lupo...— se repitió para sí, tarareando, mientras se mecía sobre el aire, como si se tratase de una ligera pluma que poco a poco aterrizaba sobre las calles de la ciudad. Ese año, había regresado antes a Francia. Y vaya que no estaba en sus planes cuando partió en tren al país peninsular.
Pero encontrarse como se encontró a su madre, en aquel estado y con aquella actitud. Sumado a que su abuela casi que lo echa a patadas. Si bien la vieja tenía su carácter, Guido no se lo pudo explicar durante una semana, lo que tardó en regresar por su cuenta, entre planeando y caminando. Y haciendo dedo, claro. Luego sonrió con amargura. La vieja solo se había excusado con esa actitud para no dejar que su nieto tolerase esa situación. Pero claro que no podía estar seguro de ello.

Continuaba paseándose por la ciudad, divagando, sin un rumbo fijo. La vista fija en los adoquines del suelo mientras sus labios tarareaban una vieja melodía que le cantaban cuando niño. Fue cuando, aleatoriamente dobló en una esquina y ante un grito de "cuidado" levantó la mirada, frenando en seco. Se hizo a un lado para esquivar una motocicleta que iba a un paso tranquilo cuando quedó de frente al ventanal de un local donde vio su cabellera roja. Una cabellera que reconocería en cualquier sitio y momento, de cualquier forma y manera. —¡Crepi al lupo!— masculló entonces, sin haberlo planificado, como si se contestase a sí mismo como no lo hizo a su abuela en cuanto lo echó.

Un torbellino de emociones vibrantes hicieron que los vellos de su cuerpo se crispasen. Y además, que sin dudarlo entrara en la tienda. Pretendía molestarla, saludar, molestarla más, estrujarla un poco y continuar fastidiándola. Una especie de impulso irresistible que incluso dibujaba una sonrisa algo tonta en su rostro. Alcanzó hasta donde ella estaba parada, pero quedó parado justo detrás de ella cuando se arrepintió de sus intenciones. Su plan era demasiado normal, clásico, un cliché. Se esfumó como el viento, al instante, esperando que no le hubiese visto. La sorprendería en cuanto saliese del lugar. Rodeo la cuadra, a una velocidad abismal, ligero como el viento. Mientras jugaba con distintas ráfagas, logrando que una bandada de golondrinas lo siguiera para finalmente llegar de nuevo al frente del local y de un salto potenciado alcanzar el techo de la edificación en frente.

Sabes, con ese cabello se te puede ubicar hasta diez kilómetros a la redonda— se mofó, llamando la atención de la francesa en cuanto salió de la tienda.
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Re: La Dispute | Guido.

Mensaje por Odette Malzieu el Miér Jul 15, 2015 5:01 pm

"Esa voz" pensó sonrojada y tan rápido como esto ocurrió se le esfumó el color rosa de las mejillas, dejando su paliducha y pecosa piel igual que siempre.

Odette volteó en dirección a la voz encontrando a Guido en el techo de una tienda. Misma sonrisa, mismo cabello siempre despeinado, mismo brillo en las aceitunas que tiene en lugar de ojos.

-Es una pena que yo no pueda decir lo mismo de tí- le respondió la chica con cierto desdén, sin embargo su curioso espíritu estaba haciendo de las suyas y no pudo evitar preguntar.-¿Qué no se supone que deberías estar en Italia?- era curiosidad en su estado más puro.

Los veranos eran esos tiempos de paz en los que por dos largos meses no escuchaba cosas como: "Oye rojita ¿Qué tienes en la cara? ¿Un campo minado?" y sus bromas de niño pequeño. No era suficiente fastidio, pero podía distraerla por mucho tiempo de sus actividades y en el peor de los casos, si se pasaba de listo, ponerla de muy mal humor por toda la tarde.

Por fortuna ambos pasaron a quinto grado y ahora ya no compartirían clases juntos. Además de que quizá solo se encontrarían entre pasillos. O eso era lo que la pelirroja pensaba.

"Lo vas a extrañar" solían decirle.
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Re: La Dispute | Guido.

Mensaje por Guido A. Martucelli el Vie Jul 17, 2015 6:24 am

En cuanto hubo reparado en él y respondido de aquel modo, él simplemente se limitó a sonreír de manera aun más amplia. Era inevitable sonreír con ella cerca, una reacción espontánea y natural que su mismo cuerpo tenía. Aquello incomodaba tanto al muchacho como el cosquilleo en su bajo vientre cada vez que podía embriagarse -aunque fuera por solo una fracción de segundo- con el perfumado aroma de su cabello. Con el suave y delicado roce de su piel. O con el mínimo gesto de las pocas veces en que alcanzaba a besarla en la mejilla de la manera más informal y casual del mundo como podían ser los pocos saludos convencionales que llegaban a darse. Ahí radicaba el "por qué" de su inmediata gesticulación como lo era el estirarse al borde de la cornisa, estirando las piernas hacia un lado y los brazos hacia atrás, encontrando la excusa perfecta para ocultar su rostro de la vista ajena. Pero perdiéndose así también la oportunidad de reparar en su sonrojo. —¿Qué quieres que te digas?— masculló el muchacho, aunque se lo oía con lejanía ya que sobre el techo había acabado acostado hacia atrás y su boca hablaba hacia el lado opuesto. —Si...— añadió al remate de su frase justo cuando con sus pies y manos pareció darse impulso, como si de una brazada dentro del mar se tratase. Pero en cambio, salió expulsado por ráfagas mismas de aire, dos metros hacia arriba describiendo un arco. Y cuando parecía que su aterrizaje sería violento... simplemente con la suavidad misma de una pluma, generó una esfera de aire a huracanado que amortiguo su llegada. —Tu me buscas todo el tiempo, sin importar donde yo esté y me encuentras... Admítelo, me amas y ya...— se mofó el italiano, acompañando la seriedad falsa de su frase con una desternillante risa infantil inmediatamente detrás.

Guido a continuación y ya, a su lado, se limitó a encogerse de hombros, mientras comenzaba a andar. Sin esperarla, sin la seguridad de que ella fuese a seguirlo, el impulso a voltear la vista era inevitable. Pero su orgullo pesaba y lograba impedirlo. —Si, pero ¿desde cuando yo hago lo que debo?— contestó con elocuencia y una sonrisa de suficiencia en su rostro el castaño, ahora sí volteando a ver, para contemplar su reacción. Estaba replicando sin responder absolutamente nada a su pregunta. Pero ahí radicaba su talento y la facilidad con que podía evadir lo que no quería tratar. Aunque claro, con ella siempre todo se complicaba más. Malditos sentimientos. —¿Y tú? ¿Por qué no estás en la playa? ¿O es que ahora eres espía a tiempo completo y a tu novio no le agrada el mar?— inquirió de pronto el ojiverde mirándola con sorna, incluso empleando un tono similar. Pero en su interior simplemente bullía de celos. Las ganas de patearle el trasero a ese humain no tenían pies ni cabeza. Pero se controlaba, no tenía sentido ni excusa para hacerlo, no estaba tan loco después de todo. Después de todo, aquella burla era solo una forma de enterarse "cómo" estaba la cosa con ese. Y qué tan en contra la tenía. Como si "todas en contra" no fuera respuesta suficiente...
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Re: La Dispute | Guido.

Mensaje por Odette Malzieu el Sáb Jul 18, 2015 3:57 am

A Odette le molestaba cuandl el italiano tomaba esa actitud tan temeraria de lanzarse de un lado a otro por los edificios más altos que encontrara. Recordaba que una vez en el castillo se armó un revuelo porque un Vent se lanzó desde la ventana de la torre solo para impresionar a una chica. Ella no le dio importancia porque no lo creyó, alguien habría tenido que detenerlo además de que algún profesor hubiera tenido que sancionarlo. Y como no pasó ni una cosa ni la otra por eso dio por hecho que era uno de los tantos mitos de Chambord... Aunque si hubiera sido cierto, no dudaría que era algo que hubiera hecho Guido. Era tan típico de él hacer locuras para impresionar a la próxima víctima. Sin embargo verlo hacer locuras era algo que envidiaba de él... Y en general de muchos Vent. A veces se imaginaba qué se sentiría subir a lo más alto de su querida Torre Eiffel y lanzarse al vacío y saber que flotaría.

Le ponía de mal humor, pero le gustaba en cierta forma.
Lo vio caer fanfarroneando y se aseguró de que no hubiera mucha gente curiosa que pudiera verlo y asustarse... Pero todo estaba en orden.

La pelirroja se cruzaba de brazos mientras escuchaba la explicación del muchacho y ese falso tono solemne que solía tomar cuando quería hacerse el interesante. Odette frunció los labios, en una expresión que quería decir "Me muero de ganas porque me cuentes que ocurrió, pero primero muerta antes que rogar".

En cierta forma no era solo por orgullo. Hay cosas que las personas se guardan para si mismas por tal o cual razón. Odette y Guido no eran precisamente el tipo de amigos a quienes se recurriría para sepultar cadáveres o que se soportaran en sus peores momentos, y comprendería si el muchacho no quería contarle.

-Tómalo con calma, niñito. Si nos hemos encontrado hoy, fue por casualidad, no porque te hubiera buscado- le respondió para aplacarlo.

Sin embargo cuando hizo el comentario sobre cierto personaje en la vida de Odette se sonrojó de sobremanera. Nadie a excepción de Guido sabía nada sobre qué lugar tenía el muchacho en la vida de Odette, a excepción del ojiverde. No tiene idea de quién se lo dijo o de cómo fue que se enteró pero lo que si sabe es que desde entonces había algo muy raro en el muchacho que la fastidiaba más que de costumbre desde que ellos dos eran niños.

-Voy al Sena y no es que esté espiando a nadie. La ocasión para volver a casa no se dio. Es todo.-le respondió evadiendo la pregunta directa, el humain.

Si bien los veranos lejos de Guido eran pacíficos, también eran largos lejos de ese muchacho, cuyo nombre ni siquiera conocía. ¿Por qué sería? En más de una ocasión había leído en historias de amor y escuchado en las canciones más apasionadas que cuando no dejas de pensar a alguien es porque le amas, pero Odette no estaba tan segura de que aquello fuera amor. Solo admiración.
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Re: La Dispute | Guido.

Mensaje por Guido A. Martucelli el Dom Jul 19, 2015 12:09 am

El viento era libre, el viento era incontrolable, el viento era indomable, el viento era impredecible ¿Y Guido? Guido también. Guido era fresco, escurridizo y veloz. Guido fluye, Guido vive, Guido disfruta. No se corta por nada y simplemente cede ante sus impulsos y deseos. No se cuida, no prevee, no abstiene.
Pero, a pesar de todo, Guido es simple. No se corta por nada ni nade. Simplemente, está ahí y si tiene ganas de saltar, salta. Y salta muy alto, se alía con el viento para saltar lo más alto posible. Le importan tres cominos las consecuencias de cada acto. O mejor dicho, no es que no le importen, sino que simplemente no les teme. Lidiará con ellas a su debido momento. Así que si lo veían saltando de tejado en tejado y quería molestarlo, por él estaba bien pero que luego no llorasen cuando él replicara. Porque el viento siempre ha estado ahí y nunca se irá, el viento más lento o más rápido, haciéndose notar y con disimulo desapercibido, siempre avanza, siempre fluye.

Llevó sus manos hacia dentro de sus bolsillos con cierto nerviosismo. Actuó como si sus palabras no fueran ciertas, fueran mentira. Cuando en realidad su provocación había sido más bien una proyección subconsciente de lo que él esperaba. —Claro, continua repitiendo eso si es lo que te place— masculló con cierta avidez pero sin la energía vibrante que suele tener él incluso en su voz.

Un impulso casi salvaje, lo llevaba a Guido a querer gruñir. También a rugir. Y también una fiera interna le daba las ganas de generar un huracán que destrozase todo a su lado. No podía entender ese injustificado interés de su ¿amiga? por aquel sujeto. Simplemente no se figuraba que semejante enclenque pudiese conquistar a una chica como Odette. Ni pies, ni cabeza.

Refunfuñó de manera infantil ante esa respuesta que decía poco y nada al respecto. Pero no podía hacer más sin demostrar un evidente e insistente interés. —Claro, tu no espías a nadie y yo tengo un expediente académico impecable— ironizó el muchacho rodando los ojos con pesadez.
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Re: La Dispute | Guido.

Mensaje por Odette Malzieu el Dom Jul 19, 2015 4:29 am

La joven arqueo la ceja con el comentario del muchacho. Sabía a qué iba, pero decidió no seguirle el juego. Pasó por alto la idea que él tenía sobre que Odette lo seguía porque sabía que a él le encantaría escuchar eso de sus propios labios. Odette rogándole a Guido. Brincos diera.

Aún no olvidaba aquel último incidente en el que casi la hace quedar en ridículo, sino era que había un baño cerca, la habría visto totalmente desaliñada. Sin embargo no olvidaba esa delicada brisa acariciándo sus labios rosas. Específicamente eso.

Era como si la hubiera besado un fantasma y era una sensación muy difícil de olvidar. Era obvio que aquel humano no la había hecho, pero Guido la había fastidiado momentos antes. No quería creerlo, sin embargo en esas vacaciones antes de dormir, recordaba esa sensación y el corazón le latía a toda prisa, se sonrojaba de vergüenza y se ocultaba de un burlón e imaginario observador mientras se repetía mil veces que no era lo que había pensado.

-¿Por qué no le preguntas a Frida?- Así como él tenía dudas, la chica tenía otras.

Desde que Guido tuvo la capacidad de fijarse en las chicas, siempre lo había visto con tal, y tal, y tal chica. A veces las conocía, a veces no y por mucho tiempo le dio lo mismo, sin embargo cuando lo vio por los pasillos con una chica tan pelirroja y pecosa como ella... La cosa fue muy incómoda.

Odette pasó de prisa junto a ellos, fingiendo que no los había visto, mientras mentalmente se decía "Estoy bien. Estoy bien. Estoy bien" hasta que pudo esconderse en un aula vacía y se dio cuenta de que sus piernas se habían empezado a derretir literalmente. Había dejado un rastro acuático, como un pez arrastrándose por el suelo. Se mordió el labio con una sensación hasta entonces desconocida por ella y no salió hasta que estuvo segura de que se sentía mejor. Desde entonces los estuvo evitando y en clases cuando Guido quería bromear con ella, Odette parecía sorda, muda e indiferente. Al final del verano, los dejó de ver juntos sin embargo la razón no la conocía.
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Re: La Dispute | Guido.

Mensaje por Guido A. Martucelli el Mar Jul 21, 2015 5:11 am

Guido simplemente no servía para pensar con seriedad. Es decir, claro que era perfectamente capaz de hacerlo, incluso lo hacía la mayoría del tiempo. Pero tenía un detalle. Y es que, como todo en la vida, hay tipos de seriedad y uno de ellos le causa tal incomodidad, que no la tolera. Vacíos tensos, miradas fijas, discursos pausados. Sentimientos, pensamientos, ideas importantes. No era incapaz de reflexionar cuando era sobre él. Pero si era incapaz de tomarse la vida seriamente, porque sino, dejaba de ser Guido, pasaba a ser un adulto. Dejaba de ser divertido, pasaba a ser... serio.

Pero que esto fuera así, no quitaba que la verdad, su verdad, la ocultase a ojos de todos los demás ¿Qué mejor escondite sino? El buen mentiroso no inventa historias fantásticas y totalmente creíbles, el buen mentiroso simplemente maneja de manera tan fina la ironía y el sarcasmo, junto a su labia y lenguaje corporal, que no sabrás qué es verdad y qué es mentira ¿Resultado? Acabarás creyendo lo que tú creas más "realista" o "lógico". O por inercia, lo opuesto a lo que él diga, en otras palabras.

Ya, no me mires así, acabarás haciéndome creer que en serio pensaste que yo quiero que me sigas. Porfavor, serías incapaz de encontrarme ni aunque lo quisieras...— la ninguneó entonces el italiano, acompañando todo incluso de un gesto despectivo de su mano, como quien resta importancia a la cosa. Se encogió de hombros y reprimió con éxito una sonrisa. Ahora, iba a por su orgullo.

Apretó las muelas, el brillo en su mirada se extinguió. Todo en cuanto ella lo lapidó con aquella frase ¿Quién diablos se creía? Una cosa era que él se muriese de curiosidad por conocer el sabor de los labios de la francesa. Una cosa era que su cabello pelirrojo, brillante como el fuego, lo sedujera más que quedarse observando las llamas de una hoguera fijamente. Una cosa era que su rostro, salpicado de pecas, puntos "imperfectos" en su piel, le tentaran a secuestrarla, desnudarla y comenzar a contar cuantas tenía por todo el cuerpo, a besos. Solo para tener una excusa con la cual perderse y volver a comenzar. Pero otra cosa, era jugar de esa manera con él, después de todo no era él sino ella quien se iba tras un humain. Un chico enclenque, que se notaba aburrido a kilómetros y que a diferencia de Guido: no tenía absolutamente nada de especial.
El brillo había sido reemplazado por llamas, saltaban chispas de sus ojos e incluso en un dibujo animado su rostro se hubiese enrojecido y de sus oídos escaparía vapor a presión. Pero no era el caso. Sus labios, finos y sellados, no decían nada. Solo le regaló y de lástima, una mirada que solo reflejaba -ahora- rechazo.
¿Que era egoísta de su parte? Totalmente, pero no razonaba tan profundamente. Y en ese momento, jamás lo haría. Él podía jugar con ella, porque fue lo que hizo toda su vida. Ella, en cambio, no. Tampoco tenía el ojiverde nadie que le avisase que si entonces quiere algo serio, algo en su actitud debería cambiar. Y solo no parece ser capaz de notarlo.

Jamás se había detenido a pensar en todo aquello tampoco. Si, Odette le gustaba, si lo admitía en voz alta y con descaro, con aquel tono burlón u irónico, porque de negarlo sería más que obvia la situación. Pero no se esforzaba por asumirlo de una manera consciente. Ni él sería realmente fiel al expresar qué era Odette para él o qué significaba. Si tuviese que responderlo directamente no sabría que decir. Las dudas, claro, se lo comerían vivo. Él estaba hecho para actuar, no para filosofar después de todo.

Y ahora, ella le había regalado una crisis. Había dádole un baldazo de realidad y coherencia: no podía pretender separar para siempre a Odette del resto de las chicas. Porque así era con su vida: Odette era muy Odette y el resto, bueno, quitando a sus amigas, ser un picaflor parecía parte de su ADN. Y no es que necesariamente se jactase de ello sino que simplemente no ponía reparos en disfrutar si se daba la chance.

Claro que le preguntaré a ella— afirmó entonces, alzando el mentón totalmente digno. Luego de una pausa, que para él había sido efímera mientras experimentaba todo tipo de idea asesina y sensación intensa. Pero para ella probablemente hubiese sido largo e incómodo. —Porque es evidente que tú, de eso, no tienes ni la menor idea— volvió a mofarse esta vez en una burla abierta y en toda regla. Incluso se carcajeó con crueldad de quien jamás podría ser su amiga. Puesto que en el fondo, era incapaz de resignarse a quererla de ese modo. Pero de otra forma no podía llamarla, ni aunque quisiera.
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Re: La Dispute | Guido.

Mensaje por Odette Malzieu el Mar Jul 21, 2015 8:22 am

Spoiler:
U: Right to the feels

Era difícil que alguna vez la joven llegara a ponerse de mal humor por alguien o incluso a ponerse seria a no ser que fuera absolutamente necesario, por ejemplo cuando alguien la llamaba por su segundo nombre o la mandaban llamar con la secretaria, solo para pedirle un favor.

A pesar de no ser del todo una buena chica a pesar de su impecable historial en muchas formas y sentidos, era muy raro cuando ella se metía en problemas. Había ignorado por completo la primera burla sobre si ella lo seguía, después de todo aquello había pasado a segundo plano.

Pero esa extraña actitud en el muchacho hizo que le diera un escalofrío. Jamás lo había visto así en el tiempo que llevaba conociéndolo. Ni siquiera cuando peleaba incansable en las peleas que a veces se convertían en un auténtico reto del cual, el muchacho fanfarronearía ganara o perdiera, siempre con excelente humor.

Es más, ni lo había visto así cuando algún profesor insistía en castigarle. No señor. Siempre esa sonrisa. Siempre ese brillo en su rostro. Ahora había un terrible semblante en su rostro.

Uno del que la pelirroja no retrocedió no solo en un acto temerario y arrogante, sino también por orgullosa. A ella no la intimidaba nadie, y Guido no sería el primero en lograrlo.

Sabía que había hecho algo para ofenderlo. Pero ella jamás lo admitiría. Después de todo, el italiano se lo había buscado. Estuvo tratando de hurgar en su vida personal ¿Qué más quería saber? ¿Que Odette era demasiado cobarde para poderle hablar? ¿Que la pelirroja era invisible a sus ojos? ¿Que a leguas se le notaba el rechazo? ¿Eso quería? ¡Saltaba a la vista! ¿Quería recordarle que sin importar el tiempo que habían pasado juntos Odette era un borroso punto carmesí? ¿Y a Guido qué más le daba? ¿Que vela tenía en ese entierro? ¿Ahora ella no podía hacer preguntas porque a él le molestaba?

Suelen decir que el que se lleva se aguanta. Es la regla primordial de todo juego de niños y era una actitud muy inmadura de parte de Odette.

Sin embargo de alguna manera una parte de ella se sintió herida. Una parte en su interior que le decía que había sido un golpe bajo y lo sabía. No hay nada de honorable en poner el dedo en la llaga, y esa actitud del muchacho a su persona, le dolía de verdad.

-Pues bien, no lo sé- dijo altanera y orgullosa. Se dio la vuelta calle abajo apretando los puños enfadada. Los apretaba tan fuerte que se clavaba las uñas en las palmas de las manos. Agitó su largo cabello y le ardía la garganta adolorida mientras le temblaban las aletas de la nariz. Se sentía herida en el orgullo y también en la consciencia.

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Re: La Dispute | Guido.

Mensaje por Guido A. Martucelli el Jue Jul 23, 2015 6:27 am

Su mente, poco a poco, se transformaba. Las dudas lo asaltaban a dónde quisiese escapar dentro de ella. No había pensamiento que no lo alterase y que no contribuyese a ponerlo cada vez más y más nervioso. Simplemente era una nube que lo abarcaba todo, nublando sus pensamientos. No podía distraerse. Tampoco lograba concentrarse en cualquier otra cosa y de esa forma distraerse.

Sus ojos, verdosos como el musgo, estaban fijos en las orbes azuladas como zafiros de la francesa. Pero en su mente, no era ella la única pelirroja que cobraba protagonismo dentro del escenario. Simplemente tanto, tan pronto, tan abruptamente. Lo de Frida era sin duda una herida en carne viva -incluso de manera literal- que ni siquiera había comenzado a sanar. Podía parecer que Guido se lo tomó para bien y que incluso lo superó rápidamente. Pero lo único que había hecho fue enterrar y encerrar eso en algún baúl en lo profundo de su ser, para ignorar el malestar. No se tomó tiempo ni para realizar el "duelo" de su relación. Quiso salir adelante desde el arranque y así terminaba ahora.
¿Qué había hecho con Frida? ¿Por qué había salido con ella? ¿Por qué ella había salido con él? ¿Por qué lo había dejado? ¿Y encima, Odette, me lo echa en cara? ¿Es una forma de decirme que tampoco tengo oportunidad con ella? ¿Mínimas chances que se suprimieron en cuanto salí con una pelirroja de pecas que no fuese ella? El pulso le temblaba y eso se podía percibir solo en su brazo izquierdo que se movía tambaleante de manera sutil y por el momento no exagerada.

¿Qué problema tenía con los humains? En verdad, ninguno. Su mejor amigo incluso era uno. Su problema era en particular con "él" humain. O ni siquiera, quizás y en verdad era con Odette y con la vida ¿Qué tenía él que no tuviese Guido? ¿Qué le había visto? Y la peor de todas que podía hacerle su propia mente: "¿por qué él? ¿y por qué no yo?". El pulso le latía de manera acelerada ahora, vibrante. Su ceño se había fruncido de pronto y la impasibilidad, el rechazo se transformaban en un volcán a punto de estallar en erupción. No era Feu, pero ¿realmente alguien quería estar cerca cuando Guido se enfadase? No, nunca lo había hecho lo que implicaba que no solía hacerlo. Entonces era lógico deducir que si en algún punto llegaba a hacerlo, la cosa no era fácil y desde luego la situación no sería segura tratándose de alguien tan intenso.

No, no lo sabes, ¡tú nunca sabes nada!— insistió el muchacho, sentía una de sus sienes palpitando, o era su propia imaginación. Y que ella se dignase a abandonarlo allí, era el colmo. Lo dejaba tirado, así como si nada, dándole igual. Terminaba por destrozar toda idea, toda esperanza, todo orgullo y todo ego en el napolitando. El resentimiento se acumulaba, de la nada y buscaba escapar por cualquier modo: su boca fue la primera. —Eso, huye, como siempre ¡Cobarde!— balbuceó, con un evidente tono inusual en la voz. El del enfado, la irritación. —Como siempre, cree que sabe, hace como si supiera. Pero no, solo es una francesa que pretende ser más de lo que es, juega a ser refinada y tener clase— expresó, en medio de una mini-catarsis en medio de la desierta calle citadina. Eran reflexiones más para sí. Era un intento vano por convencerse: ella era la mala, ella estaba mal y no él. Ella no valía la pena.

Pero si que lo hacía. Y en realidad, en el fondo, él sabía que un hombre hubiese corrido detrás de la mujer por la que es capaz de hacer cualquier cosa sin dudarlo. En cambio, el niño, hubiese hecho lo que él: impulsarse con su don del aire hacia el techo nuevamente. Y luego ir a ahogar sus penas con dulces y una botella de vino.
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Re: La Dispute | Guido.

Mensaje por Odette Malzieu el Sáb Jul 25, 2015 1:33 am

Existe un conocido refrán que reza: "El que nada debe, nada teme". Odette caminó calle abajo sin escuchar nada de lo que el italiano tuviera que decir u opinar -y dicho sea, mejor así-.

Ninguno de los dos estaba en sus cabales para retractarse de lo ocurrido y mucho menos lo haría. Odette era como una princesa malcriada, caprichosa y arrogante cuando alguien la sacaba de sus casillas y quizá, con el orgullo herido, habría sido capaz de herir al muchacho más allá de cualquier barrera física.

Su mente en ese momento era un océano embravecido, como cuando las aguas son negras y hunden navíos.

-Italiano entrometido. ¡Él se lo buscó! ¿Quién diablos lo mandaba a estar hurgando en lugares a los que no debe entrar? Por algo no voy por la vida ventilando todo lo que siento. No sé cómo es que no le ha contado nada a nadie más. Gran, gran, gran tonto- maldecía internamente, caminando calle abajo mientras se tranquilizaba.

Como se dijo antes hay heridas que no se curan con solo pedir disculpas, y esta herida entre ambos necesitaba tiempo y espacio. Quizá semanas, quizá meses. Todo dependía de quien de los dos madurase primero.

Sin embargo Odette, ya tenía una herida, abierta por si misma y que ella no se decidía a cerrar.
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