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Secrets entrusted by mistake {Anaëlle}

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Secrets entrusted by mistake {Anaëlle}

Mensaje por D. Zane Frost el Miér Ago 12, 2015 11:49 am

La luna se asomaba por la ventana del dormitorio, envolviéndo la pieza con su luz plateada. No tenía noción de la hora pero hacía rato que se había acostado y todavía no podía conciliar el sueño. Algo en su cabeza lo carcomía. Algo que lo despertó confundido el fin de semana, además del malestar de la resaca. Sabía que había hablado, sabía que su lengua se había soltado más de lo permitido a causa del alcohol, pero no recordaba con exactitud las palabras pronunciadas. Solo su nombre soplaba en su recuerdo. Y eso ya era demasiado.

Inquieto, se levantó de la cama, procurando no hacer ruido. Todos sus compañeros dormían, era el único con los párpados abiertos, trasnochando. Sus ojos ya se habían acostumbrado a la oscuridad y avanzó, entre las sombras de la habitación, hacía el armario donde guardaba su ropa. Silenciosamente, se colocó unos jeans y unas cómodas zapatillas negras, su musculosa no la cambiaría, aunque fuera su pijama y, antes de apretar la manija de la puerta, se abrigó con una sudadera negra.

¿A dónde iría? Estaba aburrido, y quería estirar las patas. Esperar el sueño acostado no daba resultado y, tal vez, el movimiento si lo cansaría. Caminó por el solitario pasillo y desembocó en la zona de recreación. La calma reinaba la sala y la única compañia predilecta parecía ser la luz amarilla de la lampara antigua. Aquella habitación era barroquismo puro, adornada entre cuadros, muebles y colores, había tantas cosas que era fácil perderse con la vista, todo parecía tan recargado. Se acercó a la biblioteca, esta rebalsaba de textos encuadernados de diversos tamaños separados alfabeticamente, y sacó el primer libro de uno de los apartados más altos. En él leyó "Charles Bukowski", y no pudo contener una sonrisa. El escritor maldito era uno de sus preferidos.

Se tiró placenteramente en el sillón de éstilo romántico, sentándose de una forma no convencional, acomodándo sus piernas sobre el apoyabrazos. Sin prestar atención, abrió el libro en alguna página del medio, dejándo la elección al azar, y comenzó a leer los poemas, pero no pudo concentrarse en las palabras. Su cabeza volvió a recordarle aquella noche, y la laguna aparecía cuando él hablaba. ¿Y la chica? ¿Recordaría sus palabras, esas que lo hundieron al pronunciarlas? Aunque, de tanto alcohol en el que ya estaba hundido, no pareció importarle en ese momento, ahora pagaba las consecuencias, sus propias consecuencias.
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Re: Secrets entrusted by mistake {Anaëlle}

Mensaje por Anaëlle Leroux el Miér Ago 12, 2015 11:25 pm

Solitaria, no es una palabra que defina a Anaëlle, pero de vez en vez todo el mundo necesita encerrarse en una burbuja, lejos de todo el mundo sin siquiera música, porque era entonces cuando los pensamientos de uno resonaban con demasiado volumen como para poder ignorarlos. Luego de la cena en el comedor, sin decir nada no fue a su habitación donde seguramente sus compañeras estarían sino fue al dormitorio de su mejor amigo, el cual estaba vacío ya que era una de esas noches en que los ocupantes de aquel cuarto echaban una cana al aire, eufemismo para el hecho de que iban a embriagarse a una de las zonas desocupadas del castillo. Se acostó en la cama de Guido, olía a él, un perfume que la reconfortaba pues le recordaba a todas las veces que el italiano había estado allí para ella brindándole su amistad. Todas las cosas que tenía en la cabeza taladrando su cordura comenzaron a desfilar en su mente, ninguna tenía solución y en algún punto, se durmió acurrucada allí en la cama ajena.


Cuando el tacto de su amigo la despertó no tenía idea de cuánto tiempo pasó, y al principio estaba tan desorientada que no supo dónde se encontraba. Se despidió del vent quien ya se había acostado a su lado gracias al estado entumecido en el que se encontraba debido al alcohol, emprendiendo luego el retorno a su habitación, dónde seguramente las otras dos vents dormían hace horas. Salió de la habitación procurando hacer la menor cantidad posible de ruido, aunque el crujir de la vieja madera del piso bajo sus pies era inevitable. Cuando pasó por uno de los salones, notó una figura familiar, una que había estado dando vueltas en su mente antes de dormirse, se acercó a él por detrás, hasta dejar sus labios a escasos centímetros de su oreja - ¡Bu! – susurró, una sonrisa apareció en su rostro mientras se dejaba caer en uno de los sillones que estaba frente a él, en una postura igualmente despreocupada que la que tenía Zane, o Dylan, no estaba muy segura de como referirse a él, luego de lo que le había confesado - ¿Tuviste pesadillas? – preguntó con aire misterioso, no intentaba ser maliciosa con aquel comentario pero sin quererlo lo fue. Su mirada se detuvo en el libro que tenía entre las manos, Bukowski,  sonrió de lado – A la puta que se llevó mis poemas – musitó mientras jugaba con el dobladillo de la blusa que llevaba puesta. No tenía vergüenza por lo que había pasado entre ellos la otra noche, lo que en realidad la ponía en esa especie de incomodidad eran las palabras que él le había confesado o confiado, no estaba muy segura de como pronunciarse al respecto - ¿Podemos dejar de ignorar el enorme elefante en la habitación? – preguntó poniéndose algo seria. Ser guardiana de secretos ajenos apestaba.
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Re: Secrets entrusted by mistake {Anaëlle}

Mensaje por D. Zane Frost el Mar Ago 25, 2015 7:30 am

Al caer el sol, el castillo se cubría de un halo inquieto, sus sombras parecían emanar misterios ocultos y las luces eran la salvación para aquellos antiguos muebles, condenados al olvido. Era sabido que cuando la oscuridad se apropiaba de las ruinas monarquicas, los estudiantes más grandes aprovechaban esos momentos y se escabullían entre los pasillos más deshabitados. Zane sabía del festejo, de hecho eran sus copañeros los que la organizaban, pero esa noche no había querido beber, y, luego de que tuviera algunos choques verbales con un idiota, se volvió a la habitación. Claro que no había sido intencional la pelea, su cerebro estaba pensando en otra cosa y, teniendo la cabeza en otro lado, era fácil molestarlo, hacerle saltar sus cables.

La sala de recreación, silenciosa y plácida, lo cubría del destello amarilo de la lámpara. La habitacíon se cernía entre las sombras y la única verdad era la que se observaba entre la penumbra. Parecía extraño que una imagen pudiera ocultar más de lo que mostraba, hacerse invisible bajo la coraza de un nombre, de un significado. Disimular la existencia propia, ser el actor principal de una obra de teatro interminable que al final sólo era la vida,  participar de un euferismo obligado por su propia consciencia, pero siendo lúcido de su proceso de adaptación ante el sufrimiento concernido.

Entre sus vaivenes, se le escapó el ruido de la vieja madera crujiendo, y el de los pasos acercándose por su espalda. Escuchar el susurro no lo asustó, pero se sorprendió al sentir profamada su soledad, no esperaba que nadie lo molestara, aunque cuando vio el rostro conocido  de la muchacha no hizo más que devolverle la sonrisa, una un tanto maliciosa.  – Al contrario, nunca pude conciliar el sueño. Debo decir que el insomnio ha visto en mi su juguete preferido,  ¿Y vos? –  le preguntó, haciendo una pausa mientras la miraba –  ¿Me extrañaste?  ¿Te sentías solitaria en la cama?– inquirió. Se miró el libro en la mano cuando la muchacha musitó el nombre del poema. – "Veo que he creado muchos poetas pero no mucha poesía" – Leyó en voz alta, a continuación se levantó del sillón y tiró el libro sobre ella. – No sabía que podías leer, el viento suele llevarse las palabras ¿sabes? – pero su comentario no pareció agradarle ya que su cara no se esforzó en moverse. Y, aunque era obvio a lo que se refería, Zane prefirió evadir su comentario – ¿Has visto que bien se esconden? –bromeó y, acercándose a ella, la encerró en el sillón, poniendo sus manos en los apoyabrazos de éste. Aproximó su cara a la de ella y, cuando la tuvo cerca, casí pudo sentir su respiración. Dime, ¿qué es lo que te gustaría recordar?  – musitó, esbozando una sonrisa.

Off:
Disculpa la tardanza! No he tenido ni tiempo de sentarme a exprimir mi cerebro. Mi concentración se ha ido volando entre los trabajos de la universidad.
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Re: Secrets entrusted by mistake {Anaëlle}

Mensaje por Anaëlle Leroux el Mar Ago 25, 2015 5:16 pm

No fueron más que unos diez minutos lo que duró el traqueteo de los que regresaban de su reunión clandestina, luego de eso el entorno volvió a sumirse en el mismo silencio que había reinado con anterioridad. Estando allí de frente a Zane parecía fuera de lugar la conversación que comenzaban, amenazando la quietud general, sin embargo Anaëlle tenía demasiadas preguntas en la mente, cuya finalidad no era otra que comprender mejor la situación que el joven había compartido, ella insistía en buscar respuestas  aun cuando sabía a la perfección que aquello no había sido más que un desliz impulsado por el alcohol y que si las circunstancias hubieran sido otras, él jamás de los jamases hubiera confiado aquello a una chica de una sola noche, sospechaba además que ése era un secreto que no le hubiera confesado a nadie.

Se preguntó si el insomnio era una consecuencia directa de su pasado, pero mantuvo igualmente aquella incógnita para sí misma. Soltó una carcajada al oír sus preguntas, la misma que retumbo en la habitación pues se había olvidado momentáneamente que no era el momento ni el lugar para ser ruidosos, las consecuencias no serían tan graves para él como para ella si la hallaban en los dormitorios masculinos, lo miró sin borrar la sonrisa traviesa que quedó como vestigio de las carcajadas – Precisamente soledad era lo que buscaba esta noche,  no eres el único con demonios con los que lidiar – le guiñó un ojo con diversión reacomodándose en el sillón, escuchando con deleite la única línea que Zane le dedicó del libro, antes de que el mismo golpeara su regazo, tomó el libro y comenzó a hojearlo distraídamente, la poesía debía leerse en soledad a su criterio y lastimosamente eso la convertía en la única culpable que arruinó la velada del eau – Te sorprenderían las cosas que sé hacer – bromeó con un tono muy pagado de sí mismo. Cerró el libro con cuidado como si de un frágil tesoro se tratara - ¿es tuyo? – preguntó y a continuación chasqueó la lengua – Era… es mío ahora, temporalmente al menos – culminó la afirmación con una enorme sonrisa que no dejaba lugar a protestas.


Volvió a reír como si fuera posible esconder un elefante en aquella habitación pero su imaginación le iba contraria a la razón por lo que un inverosímil y divertido cuadro se formó en su mente, un elefante con sombrero rosa intentando vanamente ocultarse detrás de las pesadas cortinas de las ventanas. De vuelta a la realidad, el cuadro con el que se encontró allí no era tan malo tampoco, sonrió de lado mirando primero la boca del eau por unos efímeros segundos para luego centrar sus ojos en los ajenos, sonrió – No, nada de recordar, más bien entender algunas cosas – era tentadora la situación pero el destino le había dado la oportunidad de estar a solas con Zane, no podía desaprovecharla y no aguantaría más días sin saber cuáles eran los límites de su papel en esto, porque quisieran o no, ya estaba involucrada en el asunto. Hecho el cuerpo para atrás sin dejar de mirarlo – No le dije a nadie, ni se lo diré a cualquiera – afirmó con ese tono que siempre tenía una condición implícita en él – pero… - infalible el pero llegó a cambiarlo todo – necesitas hablar con Noah sobre eso, no puedes guardártelo para ti mismo toda la vida, no es bueno – era completamente honesta en sus palabras y siendo más sincera aún, estaba un poco preocupada por él – lo haces tú o lo haré yo – no era una amenaza vacía, la expresión de su rostro confirmaba su determinación al respecto.
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Re: Secrets entrusted by mistake {Anaëlle}

Mensaje por D. Zane Frost el Miér Ago 26, 2015 7:32 am

¿Por qué estaba él ahí? Parecía que su insonmio estaba predestinado a cumplir un rol deterinante en el juego, ya que, sin el desvanecimiento del sueño, no habría desembocado en la zona de recreación. Claro que eso del insomnio era cosa reciente, las consecuencias de su boca floja le habían incomodado la tranquilidad nocturna, provocando el desasosiego de sus pensamientos y una vigilia prolongada. Aunque no era la primera vez que le pasaba, siempre que se preocupaba por algo sus nervios le estimulaban el desvelo. Y esos pequeños signos de blandura no eran motivo para que Zane los comentara libremente, sabía guardarse las cosas y no le gustaba demostrar debilidad. Pero para mala suerte suya, la castaña parecía poseer uno de sus más frágiles retazos.

La carcajada de ella rebotó por todos los muebles, dejando esbozada una sonrisa en su rostro.  ¿Así que ella también tenía "demonios con los que lidiar"? Bastante problemas tenía él ya como para tener cara de Cura y ser el  "Confesionario", no estaba acostumbrado a involucrarse "intimamente" con las chicas que compartían un divertimento sexual con él, tal vez porque, aunque se protegía con un caparazón, podía llegar a ser el más idiota cuando a sentimientos ajenos se referían.  –  Y a ti te sorprenderían las cosas que te faltan por aprender en la cama. Nada que no pueda enseñarte, claro –  le respondió, alegando una sonrisa descarada. – El libro no es mio, pero pudes llevartelo como souvenir de nuestra "velada" – bromeó. La verdad es que no le importaba, él ya lo había leído, la biblioteca rebosaba de libros y estar en manos de una persona seguro era mejor destino que terminar perdido entre otros encuadernamientos.

Cuando se acercó a su cara, notó como la chica lidiaba con la cercania de sus labios, mientras correspondía a la mirada de sus ojos. Pero la castaña decidió realizar una jugada de pizarrón y las cartas dieron vuelta el mazo. Se alejó de él luego de aclarle que venía en busca de respuestas. Dejó que comentara, que se explayara sin interrumpirla, porque entendía bien de que estaba hablando, pero ¿qué era exactamente lo que ella sabía?. Él era la marioneta inexorable de una situación que imitaba una puesta en escena planeada por su otro yo, su "alterego". No, pero él no tenía doble personalidad, sólo un pasado que ocultar y que, por más olvidado que quisiera tenerlo, aquella noche parecía resurgir de los ladrillos del castillo, del polvo escondido entre las grietas. Y todo por culpa del alcohol, y de la boca de la muchacha. – La sonrisa te hace más bonita – le respondió, al terminar de escuchar su amenaza. – Pero debes aprender a convencer a la gente, porque así no te cree nadie – le evadió, ladeando su rostro como un simple acto reflejo. Él no era así, no le gustaba hablarle al mundo de sus problemas, sentirse analizado, y por más que quisiera olvidar todo, no estaba dispuesto a reconocerlo, no podría soportarlo otra vez.
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Re: Secrets entrusted by mistake {Anaëlle}

Mensaje por Anaëlle Leroux el Miér Ago 26, 2015 4:58 pm

 
La sonrisa se borró de su rostro, el cual adquirió una expresión seria y si no fuera por las respuestas que andaba buscando se hubiera marchado de allí, dejando una estela de hielo. Sí, le había molestado lo que dijo, tal vez fue adrede tal vez fue sin querer, no importaba lo dicho, dicho estaba y esas palabras no se las llevaban el viento. Por lo general Ana no dejaba que las cosas la afectaran, es más tenía la capacidad de que le pasaran por encima de la piel deslizándose lejos de ella como si fuera agua, aunque probablemente se debía a que era uno de esos días en los que no era ella misma, ¿quién sabía? No importaba de todas formas. No dijo nada, no porque no pudiera responderle a aquello sino porque no quería tomarse la molestia de hacerlo – Si, uno mejor que el que me llevé de nuestra última velada – musitó con tono frío refiriéndose claramente al secreto ajeno, ya que tampoco era santa por lo que cargar con problemas ajenos era una responsabilidad que no le gustaba del todo pero ya que la tenía había que lidiar con ella.

Aquella noche se vio traicionada por su irremediable tendencia a tomar lo que le ofrecían sin chistar, ya fuera bueno ya fuera malo como en el caso de Zane, quien sin querer la había convertido en una suerte de cómplice, una confidente robada. El tiempo de asimilar en lo que se había convertido la prácticamente inexistente relación con el eau había pasado; ahora era momento de ordenarlo todo, de trazar una  especie de plan por siendo sincera mientras miraba los ojos del joven, que le resultaban un enigma, no le decían nada en absoluto, no tenía idea de cuál sería su papel de ahora en más y el secreto que conocía no era algo que simplemente se enterraba en un rincón de la memoria para seguir viviendo como si nada. Anaëlle era buena fingiendo cosas, era la mejor cuando de ser indiferente se trataba pero había ocasiones como esta en la que su lado solidario no podía quedarse con los brazos cruzados. Tampoco se trataba de una cuestión de lástima o miedo, solo tenía esa necesidad de ayudarlo a hacer más llevadera su carga y como no era ella la consejera ideal, no le sobraba de otra que insistirle en que buscara ayuda, pero era más terco que una jodida mula.

Le era imposible notar los pequeños detalles en las expresiones ajenas que pudieran darle alguna pista sobre lo que pasaba por la mente ajena; demasiado centrada en sí misma decían otros, ella prefería distraída por excelencia. Sonrió por sus palabras pero no cayó del todo en el juego – Me considero bonita en todas mis expresiones, pero gracias – levantó un hombro como quien le resta importancia al asunto,, sin embargo volvió a trabar su mirada con la ajena – No necesito que me creas, es tu problema si no lo haces, cuando lo hecho esté hecho, no digas que no te advertí – sentenció con seguridad, lo haría de ser necesario y a pesar de que no quisiera hacerlo. Bajó la mirada y suspiró, estaba siendo mezquina, además estaba olvidando que para él no debía ser sencillo verse en la posición en la que estaba - ¿Qué hubiera pasado si se lo contabas a la persona equivocada? – preguntó con voz más suave – Alguien que te hostigara, que te persiguiera haciendo que hicieras lo que fuera para que el secreto permanezca oculto del universo – ella no era ese tipo de persona y entonces lanzó un amenaza que la sorprendió a sí misma, pero con la misma determinación que sus palabras anteriores  – Puedo hacerlo, ridiculizarte, volverte mi mascota como pago por mantener mi boca cerrada"no quiero hacerlo pero de ser necesario lo haré" pensó mientras se reacomodaba en el sillón y una sonrisa maliciosa apareció en su rostro – De hecho, suena tentador – realmente comenzaba a pensarlo como una opción válida si él no colaboraba – pero ¿qué si vuelves a emborracharte y le cuentas a alguien más? Y así, una y otra vez – movió la mano trazando un círculo – Te perseguirá hasta el día en que lo afrontes – lo miró mientras acercaba su rostro al ajeno, acarició la mejilla del joven con suavidad – Tu elijes Dylan… Por la forma buena o por la mala, que resultará más divertida para mi – sonrió mientras volvía a mirar fugazmente sus labios. No tenía puta idea de lo que estaba jugando pero de una cosa estaba segura, tarde o temprano Noah tenía que saberlo por su boca o por la de Zane, daba igual.
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Re: Secrets entrusted by mistake {Anaëlle}

Mensaje por D. Zane Frost el Sáb Sep 12, 2015 8:50 pm

Touche. La respuesta no fue precisamente de las que esperaba Zane, su semblante se volvió duro, adquiriendo tosquedad en sus movimientos, frunciendo levemente el ceño. Ella estaba jugando con fuego y, lo más probable, era que se quemara rápidamente o, por lo menos, eso era lo que esperaba el muchacho. ¿Qué estaba buscando? ¿Cuál era su intención bajo aquellos ojos almendrados? Simples bromas eran suministradas con dosis de ironía, simples palabras que la chica había encontrado a su favor, simples actos que trataban de dar vuelta el tablero para hacer caer al chico, un paso en falso que cambiara las reglas del juego.

La miró a los ojos sin decir nada. Sabía a qué se refería, pero ella no sabía con lo que trataba. Claro, qué podría saber una entrometida cuando a secretos ajenos se referían. Esta bien, admitía que se había equivocado al hablar, al final de los errores se aprendía, pero no por eso iba a permitir que una muchacha desconocida pasara a ser su “confidente personal” por intentar ayudarlo. No, no era problema de ella, aunque se hubiera enterado, aunque su lengua hubiera optado por contarle buscando un apoyo en medio de una noche de borrachera. Pero, sólo si pudiera ver el lado positivo del problema, el vaso medio lleno, entendería que la solución no estaba en evadir el boceto de una relación confidencial, sino en aceptar las acciones humanas que la muchacha podía desencadenar ante aquello, porque, sin querer, le había compartido un recuerdo de su cabeza y, una vez que su boca se explayó, reaccionó una complicidad que ninguno de los dos hubiera pedido, menos aún, imaginado.

Inexpresivo, como una dura piedra que se niega a ser quebrada, siguió inmóvil en su posición. Sus memorias no estaban para ser analizadas y consultadas por algún especialista, no era una rata de laboratorio para inspeccionar, pero era fácil decirlo, al final no pasaba por la vent. Ash lo entendía, ¿por qué ella se encargaba de escarbar con molestia sobre las heridas no cicatrizadas? Allí, donde dolía, empezaba a infectarse. - No me vengas con divagaciones para justificarme tus actos - la miró fijamente a los ojos mientras ella sonreía - Vamos, ¿crees que dejare arrastrarme por tu silencio? No soy tan idiota, mujer, vivimos con concepciones menos egocéntricas, la gente ya dejó de mirarse el ombligo para comprender los tiempos de los otros, el egoísmo no convence. - sentenció, casi contradiciéndose, defendiéndose. - No te preocupes, de los errores se aprenden - le respondió, claramente no volvería a cometer aquella acción, sabía ya por experiencia que de una noche "intima" era posible crear un pepe grillo como grano en el culo.

Sintió cerca la cara contraria, los dedos sobre su mejilla, una caricia, su nombre pronunciado por los labios femeninos, y frío, mucho frío. Sus ojos se ausentaron y el cuarto se heló por un momento, cómo si una ventana abierta dejara entrar una ventisca de aire. Hace cuánto que no escuchaba la calidez de su nombre, el verdadero. Vio, por un segundo, el reflejo de aquel pequeño muchachito morocho, de tez pálida, que sonreía junto a su amigo. Contempló también, la melancolía del olvido, el arrepentimiento ante el fracaso, la pesadez de la culpa, situaciones límites que quedaron impregnadas en su esencia alterando los sentimientos más profundos. Nunca más corrió el agua, desde ese día su don se congeló, no porque su psiquis interna se hubiera modificado, sino por decisión propia de la obligada  responsabilidad de su conciencia (definitivamente causar ese daño vital no era el deseo de todos los infantes) y, cuando su sonrisa se borró, con ella se llevó la fluidez del río, dejando la firmeza del iceberg.


Reaccionó ante los ojos acaramelados de la vent, tal vez no por los mismos, sino por la dirección que estos apuntaban. Parecía que sus labios le resultaban llamativos a la muchacha y, ante ese hecho, cometió el inconsciente accionar masculino. Le achicó la distancia y la sintió en su boca, le "secuestró" un beso. ¿Escapaba evadiendo el tema? ¿La sonrisa de la muchacha lo obligó?  Ni él lo tenía en claro, pero no dejaba de disfrutarlo. - Las amenazas tampoco construyen - musitó, separándose. - Haz lo que quieras.. pero olvídate de todo, olvídate de mi, olvídate de esto. -  decidido, le sacó el libro de las manos y caminó por la habitación, dándole la espalda, refugiándose entre las sombras. Claro que su acción no se refería explícitamente al libro, sino al contacto reciente. - Ah, y no vuelvas a llamarme Dylan, mi nombre es Zane. - No, no quería jugar ese juego. No pasaría como cuando era chico, no volvería a dejar que trataran de pisotearlo como una hormiga, no se dejaría llevar por amenazas, era fuerte como para dejarse manipular.
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