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Catching boys {Frida A. Goldsworthy}

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Catching boys {Frida A. Goldsworthy}

Mensaje por Amelia A. Abney el Miér Jul 22, 2015 3:56 am

Yo no era una chica de ese estilo que se fijase demasiado en salir a cotillear y hablar de los músculos, el rostro, y el trasero de los chicos guapos que solían entrenar en el campo de batalla, pero si lo hacía, o era porque quería distraerme de todo y todos, porque estaba en compañía de Frida, o una combinación de ambas, y resulta que esta vez era la última. Nosotras a veces acordábamos “citas” para este tipo de cosas, y era común para los chicos ver a un par de jóvenes en el capo sentadas en el pasto viéndolos actuar.
 
Era martes por la tarde, el cielo estaba despejado y el sol decía que sería un lindo día, es por ello que ir muy abrigada no me apetecía, solo llevaba unos jeans, una polera de tiras ajustada, y una camisa cuadrillé gris, además de las vans. Pasé por entre el campo, no habían muchos alumnos puesto que las clases no comenzaban aún, solo aquellos que recurrían a los entrenamientos por ambición o para divertirse con los amigos. Y yo sería su porrista, yuju.
 
Un chico de quinto me saludó, no habíamos tenido una conversación seria antes, pero siempre que venía yo él estaba allí, y solíamos molestarnos o desafiarnos con lo que podíamos hacer. No le tomé mucha atención y solo decidí sentarme alejada de todos sobre el pasto, cruzando una pierna sobre la otra. Saqué el móvil y revisé los mensajes de textos que había enviado, el más reciente hacia Frida, y por mero ocio decidí releerlo.
 
Nos vemos a las cuatro en donde siempre, ¿puedes llevar algo? Yo llevo bebidas, por si acaso…

 
Cuando digo bebidas me refiero específicamente a cerveza, y en casos especiales a gaseosa, bueno… hoy era un caso especial. No pensaba emborracharme, no hoy, y menos quería emborrachar a Frida, puesto que sentía que hoy era el día para reflexionar y hablar. Sin mucho que hacer dejé el celular en el bolsillo de mi camisa, y entonces me dediqué a observar aburridísima a los demás. No sentía que era el momento para pensar, porque podría irme, divagar demasiado, y luego sería interrumpida por la compañía que pedí. Sí, algo raro quizás, pero solo podía pensar, tener la compañía de alguien más y seguir pensando, si era con el chico Feu con el que compartía una amistad.
 

Solté un suspiro y miré la hora, las cuatro y dieciséis, no la culparía tampoco, puesto que había llegado hace unos tres minutos atrás y técnicamente eso también era tarde. Habían unas chicas, unas que me molestaban por el olor a huecas que emanaban, que practicaban con sus respectivos dones. Ambas dominaban el fuego, y no sé qué hacían, pero se disparaban fuego la una con la otra, como si fuesen balas para ver si lo podían agarrar; claramente, si estaba en un campo de entrenamiento, tenía que entrenar, ¿no? Así que no se me ocurrió otra cosa que crear una ráfaga de viento doble, que dirigiese las bolas que tiraron, hacia sus rostros. No les pasó nada, son como inmunes al fuego, así que no me preocupé de qué les haya pasado, solo me regocijé en mi sonrisa divertida tras ver las expresiones de sus rostros.


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Re: Catching boys {Frida A. Goldsworthy}

Mensaje por Frida A. Goldsworthy el Miér Jul 22, 2015 7:30 am



Cuando le llegó el mensaje Frida estaba haciendo nada, no exactamente nada porque respiraba, algo automático de su organismo, pero no estaba haciendo algo por voluntad propia. Se encontraba tendida sobre su cama mirando el techo de ella, de vez en cuando miraba las demás camas a su alrededor para ver si algo cambiaba pero nada, sus compañeras de cuarto estaban fuera teniendo una vida social mientras la pelirroja se encontraba recostada acostumbrándose a la idea de otro semestre más en Chambord, amaba el castillo, pero de la misma manera amaba su hogar en Irlanda donde estaban sus seres queridos. Estiró su cuerpo para coger su móvil y apenas vio de quien había enviado un mensaje pensó que allí también tenía a seres queridos, debía de dejar ser tan emocional y aceptar que las vacaciones habían acabado.

¿No te basta con mi presencia? Llevaré algo para comer, aún no logró contrabandear heroína ni drogas duras.

Envió el mensaje e inmediatamente se levantó, fue hasta su armario, ahí las vio, aquellos cheetos y lays que sí había logrado entrar al castillo, no era un crimen comer comida basura. Dejó los chocolates y las galletas, que también eran de chocolate, en el armario. Desde que había entrado a Chambord había tenido que acostumbrarse a entrar alguno que otro alimento, a veces la exasperaba la larga fila del comedor y prefería tener sus propias cosas en caso que su paciencia no le permitiera esperar, una manía que había aprendido de sus hermanos ya egresados. Lanzó la comida a la cama y se propuso a ponerse una camiseta de Capitán América, no era un secreto que fuera amante de los superhéroes, aquel lado nerd estaba bien desarrollado en la pelirroja. Junto a unos jeans claros y sus vans negras tenía su vestimenta completa. Guardó su teléfono en su bolsillo trasero, tomó las bolsas y se largó fuera de su cuarto compartido.

Su plan era llegar a la hora, pero el destino no había querido lo mismo. Se encontró con una de sus profesoras y junto a ella cinco pequeños, eran novatos. La mujer le pidió el gran favor de llevarlos a sus respectivas habitaciones, aún no conocían la edificación y su profesora aún tenía que tratar con otros veinte niños que esperaban en el Hall. Pudo decir que no, pero entre el quinteto había una chica pelirroja que le había recordado a ella misma, aunque cuando había llegado sus propios hermanos le habían tenido todo un tour preparado y la habían llevado hasta su habitación ¿Por qué su profesora no los había separado por sexo? Se encargó primero de las niñas, eran tres, pero todas colocadas en diferentes habitaciones y por ende diferentes pasillos. Con los niños fue más fácil, no estaban en la misma habitación, pero sí en el mismo pasillo.

Terminado su trabajo prácticamente corrió por los pasillos del castillo para dirigirse al punto del encuentro, primero pensó en enviarle un mensaje a Amy explicándole pero entre las bolsas en sus manos y el móvil en su bolsillo trasero solo perdería más tiempo. Llegó al campo de batalla y la divisó a lo lejos, aminoró su paso para recuperar su aliento. Amelia ni siquiera la había notado, su mirada estaba fija en un par de muchachas Feu que jugueteaban con fuego, volvió la mirada a su amiga para ver lo que hacía, rápidamente miro al par que jugaba y como sus rostros eran golpeados por sus mismas bolas de fuego. La morena tenía una expresión de placer mientras las otras dos buscaban la fuente se ese error, y lo encontraron, ambas miraron a la Vent, procuró llegar al encuentro antes que se armara un caos, dos contra una no estaba bien – Lo siento, no quiso hacerlo, va en segundo grado, aún no maneja bien su don—les gritó disculpándose por su amiga, conocía a las muchachas y por eso supuso que no armaron un lío y lo dejaron pasar– Aún puedes pasar como una chica de catorce ¿Eh? — está vez le habló a Amelie mientras tiraba las bolsas a su lado– Aunque esa actitud si puede ser de una chica de segundo grado—se acercó a su amiga para abrazarla excesivamente y luego soltarla – Me has extrañado lo sé—le guiño el ojo sentándose a su lado – ¿Cómo te ha tratado el tiempo lejos de mí? – le interesaba saber todo lo que tendría por contar la morena.

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Re: Catching boys {Frida A. Goldsworthy}

Mensaje por Amelia A. Abney el Miér Jul 22, 2015 10:38 am

Las miradas acusatorias no tardaron en llegar. Precisamente, porque el lugar está prácticamente escaso de almas humanas, las chicas Feu clavaron sus ojos en mí, en mí y en mi inocencia. Parecían que no se detendrían en solo mirarme, porque sí avanzaron un poco, sin embargo me sentía preparada para enfrentarlas, a pesar de ser un par y yo solo la mitad. Aunque ellas se detuvieron junto con mi idea de enfrentármeles, puesto que una voz suave y prepotente avisaba que la causante de su molestia iba en segundo grado y que fue un accidente.
 
Me encantaba cuando Frida mentía por mí, era realmente divertido, y más porque la convicción con la que lo hacía lograba que las otras personas se lo tragaran. Yo miré a las huecas fingiendo inocencia mientras hacía un puchero y asentía con la cabeza a las palabras de Frida.— Sí, lo siento… fue sin querer. —Y realmente pensaron que fue así.
 
Frida tiró unas bolsas junto a mí desde una altura superior a los treinta centímetros, yo solo rogué en mi interior porque no hubiese víctimas aún. Sonreí divertida al oírle decir eso.— Lo sé, envidias que sea joven todos los días —dije, con un tono de egocentrismo  -bien no lo poseía- mientras correspondía a su abrazo. Entonces me soltó y me acomodé como en un inicio, guiando mi vista en ella.— Llegaré a mi cometido de tener rostro de bebé, y seré irresistible. —agregué, y no pude evitar sonreír tontamente por la idea. Me veía perfectamente por el castillo siendo acosada por personas ansiosas de tener un bebé, o algo así.— Te extrañé muchísimo, boba —le dije, haciendo un puchero.
 
Escuché a su pregunta y no pude evitar alzar las cejas, ¿que cómo había estado? La verdad no sabría cómo responder… estuve aburridísima, esa es la verdad, y más porque no pude irme del castillo un puto fin de semana.— Como basura, apenas sí me fui de fiesta, pero nada divertido porque no estabas tú —respondí, tenía que hacer mención en su nombre, para que se sintiese bien. No mentira, me gustaba ser así cuando había pasado tiempo, y más si era con una amiga de confianza como Frida. Abrí la pequeña heladera que llevaba conmigo, allí habían en total unas diez botellas de sodas variadas, para elegir, claro.— Elige la que quieras —le dije a Frida, señalándole con la cabeza, mientras sacaba una botella de coca-cola. Tomé un sorbo y entonces le miré, con la intensión de continuar.— Conocí a un chico, un Feu… no sé si lo conozcas. Nos encontramos en la biblioteca y parecía simpático hasta que habló —era mentira, pero no lo desmentiría si ella no lo conocía. Sin embargo sabía que a ella no le interesaba eso, o bueno… no él, en específico.  No me salía el poder hablarle del leader, lo había hecho antes, pero me sentía extraña tocando el tema de entre nosotros. No pasaba nada, ¿qué le diría? ¿Qué hemos tenido encuentros? ¿Que hemos hecho cosas ilícitas? No era nada nuevo… ¿pero qué había de mí? Solté un suspiro y decidí distraerme de todo esto, sentía que no era el momento aún.
 

Husmeé en una de las bolsas que Frida había traído. Deseo puro fue lo que mi rostro dibujó, se me había hecho agua la boca de tan solo ver los cheetos allí. Los tapé y miré a Frida, y luego alrededor.— ¿Quién más te vio? Es peligroso traer estas sustancias al castillo —comenté entre ligeras risas, haciendo referencias a que los snacks de queso era la tentación del mundo. Los saqué de la bolsa y no dudé en abrirlos, para cuando di un mordisco parecía como si me hubiese llegado un orgasmo. No, mentira, nunca tan así, pero sí me había encantado el sabor a basura en mi boca. Con la boca llena, pero tapada por mi mano, decidí devolverle la pregunta a Frida.— ¿Qué hay de tus aventuras? ¿Cómo te fue en Irlanda? —Éste venía siendo el “reencuentro”. Ella había vuelto no hace mucho al castillo, por obligaciones del sistema escolar. A veces pensaba en qué sería de mí si mis padres no estuviesen muertos, o mi abuela quisiese verme, pero no podía hacerme una idea clara de ello, puesto que de mis padres no tenía muchos recuerdos.


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Re: Catching boys {Frida A. Goldsworthy}

Mensaje por Frida A. Goldsworthy el Miér Jul 22, 2015 9:42 pm




Aquello había ocurrido un par de veces, Amelia molestando a otras personas porque había llegado a un estado de aburrimiento que solo le permitía entretenerse con las adversidades ajenas. Podría haber dejado que la acción comenzara, dejar que su amiga fuera enfrentada por el par de chicas que compartían su don, quizás le sirviera de escarmiento para no volver a repetirlo, pero abandonar a una amiga no era parte de si, la deslealtad no podía pasar por ella. Frida se sorprendía de como salían de su boca aquellas mentiras, con tanta naturalidad que ella misma podría creérsela, fue un plus que la morena fingiera ingenuidad, cambiando el gesto de su rostro y admitiera algo que era una falacia. También se había puesto en la situación de que su amiga no la acompañara y admitiera que lo había hecho por voluntad propia, en ese caso les explicaría que presentaba demencia senil a temprana edad, algo mucho menos creíble. Presionó sus labios para no reír mientras veía a Amelia excusarse, una clara falsa disculpa para aquellos que la conocían.
 
Rodó los ojos al escucharla – Lo he de admitir, te envidio, me muero por saber dónde has escondido la fuente de la juventud—abrió los ojos como paranoica— ¡La necesito! Ya no puedo vivir con este rostro lleno de arrugas – comenzó a respirar de forma acelerada, como si realmente estuviera desesperada, aquello no duró mucho, ya que unas pocas carcajadas llegaron a sus labios – No creo que a los chicos les guste andar con una chica con aspecto de bebe—el horror llegó a su rostro, al menos capturaría a un par de pedófilos, la idea le provocó nauseas, todo eso era imposible. La más sincera sonrisa apareció en el rostro de la pelirroja cuando la otra muchacha admitió que la había extrañado – Y yo a ti, la próxima vez te vas conmigo—llevaban años siendo amigas y jamás la había llevado a su tierra natal, se sentía una mala amiga.
 
Le extrañó aquella respuesta, la morena siempre había sabido divertirse con o sin la pelirroja, o la necesitaba para pasárselo bien ella sola, Frida no era la más fiestera ni la chica más genial de Chambord. Pero sí existía un cambio en la personalidad de la irlandesa cuando estaba junto a Amelia, podía adaptarse a las situaciones, convertirse en una chica fiestera, beber y hasta fumar hierba – Un brindis por tus peores vacaciones—bromeó extendiendo su brazo para alcanzar otra coca-cola,  y golpearla suavemente con la de su amiga. Estaba tomando un sorbo de la bebida cuando oyó que había conocido a un chico, la gaseosa amenazó con salirse de su boca pero logró tragar antes de que expulsara el líquido en el rostro de Amelia. Se acomodó, aquello sonaba interesante, Amy hablando de un chico es como el cometa Halley, poco común pensó – Es verdad lo que oyen mis oídos, Abney hablando de un chico—dejó la gaseosa a un lado y llevó ambas manos a sus orejas, como si las intentase limpiar – Están limpias, he oído bien—entrecerró los ojos esperando más información; Feu, chico, biblioteca y le había caído bien hasta que abrió la boca – ¡Te interesa! Pocas veces hablas de ellos—la apuntó, acusándola – Cuéntame más ¿Qué le dijo a la princesa Amelia que ya no lo creyó tan simpático? — se acomodó acercándose más a su lado y nuevamente tomando la bebida para darle un sorbo, estaba deseosa por saber más detalles, eso no podía ser todo lo que tenía por contar, Frida se negaba a creer que eso había sido todo.
 
La miró divertida mientras fingía un estado de alerta por lo que ella había traído, no era un verdadero contrabandeo, quizás algo no sano, pero era legal – Sólo unos niños, ya los amenace  con prenderle fuego a toda su familia si hablaban—puso un tono sombrío a sus palabras, como si de verdad hubiera sido así, dudaba que aquellos cinco pequeños que antes había llevado a sus respectivos dormitorios hubieran puesto atención a su bolsa, estaban demasiado ocupados mirando todo a su alrededor, no todos los días llegabas a vivir a un castillo. Se deleitó al ver el rostro de Amelia, eso era satisfacción, al menos las compras antes de entrar al castillo servían para complacer a su amiga – Al fin logré llegar al final del arcoíris y encontré a mi propio Leprechaun y su vasija de oro—bromeó hablando de aquellos famosos duendes – Pero no todo podía ser bueno, no encontré ni un trébol de cuatro hojas—hizo un puchero, nada de eso había sucedido – Buenas, me sirvió para recargar energías, aunque no conocí ni a un chico, ni Feu, ni ninguna biblioteca—movió sus cejas insistentes para molestarla – Lo mejor fue que mis hermanos me llevaron a probar casi todas las cervezas de la ciudad, creo que creció mi nivel de tolerancia al alcohol—pero para eso había tenido que embriagarse mucho durante las vacaciones, algo que no agradó a su madre pero sus hermanos la defendieron excusándose que así Frida en alguna fiesta no caería ebria con poco alcohol en su cuerpo, según ellos un método de defensa.  


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Re: Catching boys {Frida A. Goldsworthy}

Mensaje por Amelia A. Abney el Sáb Jul 25, 2015 10:17 am

Frida era una de las pocas personas con las que podía exagerar las bromas, ponerme seria y hablar de la vida, incluso. Me alegraba de no cometer errores al elegir mis amistades, prefería calidad antes de cantidad, eso estaba claro, y ella, aunque no se lo dijera, valía mucho.
 
No pude evitar soltar una carcajada al verla actuar, le salía tan bien como mentir, pero el deje de exageración estaba presente, y sabía que era así, por lo que me lo tomaba como broma. Su siguiente comentario hizo que me lo pensase mejor, y en mi rostro hice una mueca de asco-impresión. Sí, era bastante extraño.— Eres perfecta para perturbar mis planes —dije, soltando un suspiro entre tanto. Sin embargo su anuncio provocó en mi completo entusiasmo.— No sabes cuánto estaba esperando por que lo dijeras —comenté, como si hubiese sido el sueño de mi vida. Pero largarme del castillo  y de Francia, con la presencia de Frida, era lo más de lo más. Y creo que el deseo iba más allá de solo la experiencia, porque si no lo habría hecho sola y ya.
 
Cerré los ojos y alcé mi botella al aire, mientras tiraba mi cuerpo un poco hacia atrás, apoyándome de una mano para no caer. Por lo que brindábamos era tan cierto que no pude evitar sentirme penosa. La verdad es que, a pesar de ser una persona solitaria, siempre he necesitado de la compañía de alguien aunque sea a ratos, y por lo general habían situaciones en las que me encontraba rodeada de ellas, solo que no con las que yo quería. Por ejemplo, encontrarme con ese chico en la biblioteca no hizo sentirme menos sola, casi no aportó. Sin embargo, si tan solo cruzo unas palabras con alguien de confianza sabré que hice algo social en mi día.
 
Sonreí divertida, y algo indignada, también. Sí que era notición el que hablase de un chico, más bien me estaba quejando, pero era un detalle, algo minúsculo para aportar.— No te montes películas, tampoco —dije, entre pequeñas risas. La miré con ojos chinos mientras tomaba un sorbo de la bebida, sentía su mirada clavada en mí, ansiosa por encontrar algo, algún error en lo que soltase para que me molestase. Era una guerra de miradas, no había más, sin embargo logró incomodarme, haciendo que casi tirase mi bebida de la risa. Me incliné hacia ella y rodeé los ojos, pero entonces acepté que debía satisfacerla.— Estaba estudiando —Y ya eso fue lo suficiente como para que me diese cuenta de que era raro. Fruncí mi ceño al notar lo poco común que eso sonaba, pero entonces negué con la cabeza y con una sonrisa estúpida en mi cara continué.— Y me lo encontré, chocamos. Hubo mucha confianza de su parte, y parecía alguien muy correcto… no sé, tenía una sonrisa de socarrón y desafiante. —Comencé a explicar, y cada vez mi cara se deformaba más por lo negativo del recuerdo.— Sabes cómo soy cuando una persona se propasa sin si quiera conocerme… ya sabes, gruñona, y él conoció ese lado mío apenas nos vimos. —Alcé las cejas, creía que con eso concluía algo de lo que le decía. Entonces bebí otro sorbo de la bebida.— Pero era un buen chico… deberías conocerlo —agregué, con un tono irónico. No quería dejarlo tan mal después de todo.
 
Reí ante su respuesta respecto a los cheetos, ¿y ella qué hacía entre niños? Ignoré hacerle la pregunta, seguramente eran nuevos y estaban amontonados en las puertas del castillo. Entonces continué oyendo a la par que comía. Fruncí el ceño y mi cabeza se fue hacia atrás, miré al cielo sin entender. ¿Lepre qué? Las comisuras de mis labios se elevaron— Sabes que no entiendo irlandés… o historia irlandesa —dije, quizás sonando muy estúpida. No era mi culpa no conocer demasiado, solo sabía que ahí había verde, duendes, oro, o bueno… lo estereotipado. Luego relacioné la palabra extraña con vasija de oro y reaccioné, alzando las cejas y abriendo la boca, como si hubiese hecho el descubrimiento del siglo.— ¡Ah! Un duende —Mi tono de voz sonaba seguro, pero la expresión de mi rostro aún dejaba rastro de duda. Di paso a que siguiera hablando.— ¡No! —exclamé, horrorizada. Estaba siendo sarcástica, pero era en un modo amistoso.— ¿Por qué no solo haces trampa? —pregunté, con una sonrisa traviesa.— Puedes tomar un trébol y separarle una de sus hojas… puede que no sea la misma suerte, pero puedes convencerte de que es real.O vendérselo a un niño inocente…
 
Continuó hablando de cómo le fue en Irlanda, y sonreí sincera al oír que fueron útiles para algo sus vacaciones, sin embargo no pude evitar poner los ojos en blanco cuando insistió con lo del chico que mencioné. Definitivamente fue un error haberlo hecho, pero era divertido en parte que lo hiciese.— Si bueno, terminaré presentándotelo por tanto que me insistes. No sabía que te había gustado tanto —Moví mis cejas de arriba hacia abajo, haciendo notoria la intensión de molestarla ahora. Y así es como se invierten las cosas.
 

Le dediqué una mirada juguetona al oír lo del alcohol, la verdad me sorprendía que su hermano fuese mala influencia… no mentira, me sorprendía que bebiera tanto en sus vacaciones, eso.— Y yo me mantuve sobria, ¿en qué mundo estoy?  —Supliqué al cielo cuando dije eso, pero entonces miré a Fri.— Así que… estás preparada para cargarme en una de mis borracheras, ¿eh? —Le sonreí, como si fuese una inocente al decir eso. No solía emborracharme hasta caer desmayada frente a todos, era vergonzoso, pero sí sería el ejemplo cuando beba con la pelirroja, quiero decir, comparándonos.


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Re: Catching boys {Frida A. Goldsworthy}

Mensaje por Frida A. Goldsworthy el Lun Jul 27, 2015 8:14 am



Le gustaba hacer reír a las personas, aún más cuando estas personas le importaban ¿Qué sentido tendría aquella cita sin un poco de risa saliendo de los labios de ambas jóvenes? Hablar importaba mucho, pero era la risa la que alimentaba de cosas positiva al estado anímico—No era mi plan trastornarte, solo aplicaba un poco de realidad—habló encogiéndose de hombros, a veces arruinar aquellos planes o sueños de la gente se le daba bastante bien. Le sonrió mostrando ampliamente todos sus dientes, aquellos dientes que habían tenido muchas citas con el dentista y que había sido el gran dolor de cabeza para Frida en su infancia. Apenas comenzaban el semestre y ya quería que acabara porque se podía imaginar con Amelia en su país natal, mostrándole los lugares en donde ella había crecido, enseñándoles los lugares que había conocido con el paso de los años y mejor aún las cervecerías que había conocido ese mismo año, cortesía de los mayores Goldworthy. Pero aún restaba mucho tiempo, tiempo que emplearía en ordenar paso a paso lo que haría con su amiga en la tierra irlandesa, sí, el entusiasmo de la pelirroja no se limitaba a solo pensar planes y solo dejarlos en lindas ideas, debía dedicarle tiempo a organizarlo todo.

¿Cómo podía pedirle que no se emocionara con aquella confesión? Estaba segura que con el paso de los años Amelia había conocido a cientos de chicos, probablemente muchos le habían interesado pero solo había mencionado a un bajo porcentaje de ellos. Falto que la morena la mirara con aquellos ojos para que Frida agudizara su mirada, no se iba a rendir con facilidad, sabía que con un poco de presión, o bastante, cedería. ¡Eureka!. Relajó el gesto cuando comenzó a hablar la chica Vent intentando concentrarse en  lo dicho de manera verbal y no verbal, sus gestos– Tus palabras derrochan puro interés, lo sé porque te has fijado en esta parte de él—se llevó uno de sus dedos a sus labios. Ni el aspecto físico, ni la forma de hablar, al final las chicas siempre tenían una debilidad: las sonrisas distintivas — ¿Gruñona? No conocía ese lado tuyo—se hizo la desentendida, sí, ella conocía ese lado. Obviamente la pelirroja ya había asumido que debía conocerlo, era un hecho excepcional que Amelia admitiera aquello y cualquier interés que el chico pretendiera con la mejor chica que conocía de Chambord debía tener su aprobación – Y lo haré, ese chico con la sonrisa socarrona y desafiante debe confesarme sus intenciones contigo, no cualquier chico puede relacionarse con mi pequeña—alargó su mano para pellizcarle brevemente la mejilla a Amelia – Si mi pequeña dice que es un buen chico, lo creeré, porque realmente dudo que alguna vez hayas dicho que alguna persona de este planeta sea buena— continuaba tratándola como si se tratase de una pequeña, era su instinto materno con sus amistades.

 
A veces Frida olvidaba que se encontraba en tierras francesas relacionadose con personas de todo el mundo, aquel lugar era un punto en común para personas con dones como ellas. Respiró hondo para comenzar a explicarle le leyenda de los Leprechaun pero el reconocimiento de Amelia por unos duendes lo impidió, internamente la chica lo agradeció, hubiera sido algo tedioso y sin sentido, eran historias que se le contaban a los niños, ella ya no creía en eso. Comenzó a negar apenas le planteó su idea – Como tú misma dices, es trampa—en ese cuento si creía, siempre que había encontrado un trébol de cuatro hojas le había sucedido algo bueno, pero no encontrarlo no significaba que su vida iba a estar llena de mala suerte – Aunque tu manera de decirlo suena bastante bonito—también creía que uno mismo podía fabricar su propia suerte, había tenido una buena vida durante los últimos años en el castillo y no había necesitado la ayuda de ningún trébol irlandés.  

 
¿Realmente creía que se iba a salir con la suya molestándola ahora a ella? Era imposible gustar de una persona con tal solo que conocieras lo que te habían mencionado de ella – Lo siento, no creo estar dispuesta a tener algo con un chico de momento, es todo tuyo—la señaló sonriéndole de forma coqueta, además cabía recordar que apenas antes de las vacaciones había cortado con su anterior novio —Yo ya tuve mi cuota de relación con un chico el semestre pasado, ahora le toca a otra—y con otra se refería a Amelia, adoraba molestarla. Y esa misma pregunta se planteaba la cabeza de ella, no es que fuera una puritana que no bebía nada, pero tampoco una alcohólica que se bebía todo lo que pusieran delante de ella, si bebía lo hacía con moderación o hasta que sintiera que no podía más, pero esas vacaciones muchas veces había sobrepasado sus límites – Según mis hermanos fue la forma de ahogar mis penas por mi rompimiento amoroso, pero yo creo que solo se mofaban de como lucía ebria—porque sus hermanos jamás habían aprobado su relación con Guido, o con nadie, la noticia la habían recibido con los brazos abiertos – Mientras sea cerveza, sí podre cargarte, aún debo visitar Rusia para mejorar mi tolerancia con el vodka—bromeó, su tolerancia con el destilado podría practicarla aquí, en Rusia o en la China.

 

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