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Cinema Italiano || Guido A. Martucelli

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Cinema Italiano || Guido A. Martucelli

Mensaje por Anaëlle Leroux el Mar Jul 21, 2015 7:39 am

No pudo contener el bostezo, sus ojos quedaron llorosos y estiró los brazos para desperezarse un poco, este clima, el frío y las mantas junto  a los gorros, el chocolate caliente, las bufandas, todo en general siempre tendían a ponerla en un estado de letargo en el que su cama era siempre e inevitablemente la mejor opción, sin embargo ese día se había obligado a sí misma a salir de los pantalones de algodón y los suéteres tamaño extra grande, adecentarse un poco y salir con su mejor amigo, a quien no veía hace tiempo, se debían un tiempo de diversión para relajarse, ponerse al día y meterse en líos, hace tiempo no eran solo ellos dos haciendo lo que mejor les salía: nada. Lo estaba esperando con la mirada fija en unas niñas de primer año que jugaban con sus respectivos dones repitiendo unos ejercicios básicos de control, se sintió tentada varias veces y contener esas malévolas ganas de enviar una pequeña corriente y perder la página del manual que usaban fue una tarea casi faraónica. Suspiró y entonces vio ese pelo despeinado que venía acompañado inevitablemente con la sonrisa más hermosa de Chambord - ¡Güido! – dijo poniéndose de pie con los brazos abiertos de par en par - ¿Ya estamos listos para nuestra cita? – preguntó moviendo las cejas provocativamente acompañando la broma mientras lo abrazaba depositando un beso en su mejilla.

[...]

Casi media hora después estaban en el cine, tomaron asiento en sus respectivas butacas luego de haber comprado refrescos, golosinas y palomitas. Anaëlle se quitó el gorro de lana, la bufanda y los guantes, metiendo todo en su bolso, el cual acomodó luego en el suelo. Una vez despojada de tanto accesorio, apoyó la cabeza en el hombro de su amigo, esperando el inicio de la película mientras tomaba un montón de palomitas con la mano para comerlas. Lo cierto es que no había prestado atención a la elección de película, pues la verdad era que lo que le interesaba era pasar tiempo con su mejor amigo - ¿Qué veremos? Dime que no es algo de terror – musitó mientras observaba a un hombre que llegaba a su lugar ubicado unas filas más al frente, traía un bote de palomita, la vent lo veía venir, la forma en que llevaba el bote y la evidente falta de coordinación del hombre anunciaba la catástrofe – Observa esto – susurró indicándole a Guido dónde debía mirar para seguir las acciones del hombre y tal como pensó, éste trastabillo, no hubiera pasado gran cosa si Anaëlle no hubiera intervenido con su don haciendo que la mitad de las palomitas salieran del bote disparadas a las personas que rodeaban al hombre. Soltó una risa – Creo que soy adivina o algo así, lo vi venir – comentó más para sí misma que para el chico -  Te reto a superar eso – musitó provocando al italiano al tiempo que metía más palomitas en su boca, no había mucho que podían hacer sin que la gente comenzara a notar que algo extraño sucedía pero para matar tiempo en lo que comenzaba la película servía.
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Re: Cinema Italiano || Guido A. Martucelli

Mensaje por Guido A. Martucelli el Miér Jul 22, 2015 5:28 am

Caminaba por las acogedoras callejuelas de Chambord a paso ligero pero también tranquilo. Disfrutaba de la caminata pero tampoco se tomaba todo el tiempo del mundo. Iba con unos pantalones color mostaza e iba abrigado con un montgomery y una bufanda de color roja y gris. Su cabello completamente despeinado iba al compás de sus movimientos y calzaba unas zapatillas grunge bien cuidadas de color negro.

A él le gustaba eso, moverse por la ciudad evitando las vías principales. Le hacía recordar aquella vieja Chambord con complejo de poblado aún. De ciudad pequeña. Lo que le había encantado en un principio de la localidad. Finalmente llegó hasta el sitio ansiado: el cine. No tardó mucho en encontrar a su mejor amiga y su sonrisa de mostró ancha y amplia al escucharla. —Hace días, los nervios no me han dejado dormir— mintió de manera exagerada el italiano echándose a reír. Recibió el abrazo y su beso, a los cuales respondió apretujándola y lamiéndole la mejilla de forma babosa, como si nada.

.  .  .

Su amiga se había abrigado como si estuviese por partir al Polo Norte. Y no era para menos, las temperaturas en esa época del año sobre Chambord eran de terror para quien no estaba acostumbrado a los descensos abruptos e invernales en el clima. A Guido el frío no le agradaba, era claro pero tampoco es que le hacía tanto mal. —No, no, tranquila miedosa— buscó apaciguarla de manera burlona el italiano. Como si fuese sano combatir el fuego con más fuego. Pero se estaba mofando un poco de su amiga ¿Cómo no hacerlo con su temor por ese tipo de películas? Aunque claro, había estado difícil conseguir boletos para algo que no fuese de ese género. De hecho la película era demasiado mala, tan mala que era la única con boletos disponibles sobre ese horario.  —De hecho, es una película iraní sobre el amor, así que más te vale haber traído una almohada— exageró y mintió el castaño riendo con picardía infantil.
El muchacho se acomodó tranquilamente en la butaca que le correspondía. Sin ningún tipo de reparo o pudor estiró las piernas sobre la cabecera del asiento delante de él y acomodó sus brazos tras su cabeza. Estaba adoptando una pose relajada y de fanfarronería. Pero también era lo más cómodo que se podía llegar a estar mientras prestaba atención a Anaëlle y se descarcajeaba con su quehacer. El desafío caló hondo en él. No era difícil provocarlo después de todo. Y sin mover un pelo, porque era parte de su orgullo y vanidad: superarla aun sin "esforzarse". Recorrió con la mirada la sala y el pasillo principal por el que circulaban aún los espectadores en busca de sus sitios. Entonces ubicó a una niña de no menos de catorce años, bastante nerviosa junto a un chico de una edad similar. "Perfecto" pensó el despeinado mientras sonreía con malicia añiñada. Se notaba que eran dos chicos que salían juntos por primera vez. Guido no tuvo mejor idea entonces que empelar su don para hacer tropezar a ella pero de lado cayendo sobre él. Todo podría hasta generar una situación idónea de cercanía de no ser porque ella cargaba las dos bebidas y él las palomitas. Generando que en el percance el muchacho quedase bañado en soda de cola y de naranja generando no solo las carcajadas descaradas y sinvergüenzas de Guido sino de todo aquel que había contemplado la escena. Quizás había sido por demás evidente que no fue "casual" pero con lo nerviosa que estaba la chica y como había reaccionado después queriéndose morir y desviviéndose por "enmendarlo" todo que incluso pasaba por desapercibida cualquier otra cosa.
Pan comido— sentenció entonces el italiano sonriendo con suficiencia y guiñándole un ojo a la morocha.
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Re: Cinema Italiano || Guido A. Martucelli

Mensaje por Anaëlle Leroux el Miér Jul 22, 2015 8:42 pm


No es que fuera miedosa, no le parecía divertido ver películas de terror, entre tanta tensión de los protagonistas, Anaëlle quien inevitablemente conseguía sumergirse por completo en las historias sufría con ese tipo de género, sufría tanto que era casi un calvario verlas y para colmo, terminaba desvastada, prefería las que afectaban la psicología, que lo mantenían a uno en suspenso constante y que sorprendía con un final inesperado, pero a las de terror, las odiaba. No iba a explicarle a Guido todas esas razones, ya que sus gustos cinematográficos poco y nada influían en su amistad y si hubiera dicho que se trataba de una de terror, la hubiera mirado igual, solo que ridiculizaría cada escena arruinándole el film a su amigo en un acto netamente egoísta con el que haría la experiencia más llevadera para ella misma. Frunció el ceño al oír la elección  - Los iraníes tienen un no sé que, como un halo de misterio que los hace interesantes… a la vista – comentó levantando una ceja provocativamente, acompañando aquel elaborado eufemismo que en otras palabras sería que los iraníes, árabes, etc, estaban buenísimos  – Además no necesito una almohada, te tengo a ti y a tu anatomía de osito cariñosito – bromeó mientras lo miraba con expresión traviesa – y como eres de Italia, el dibujo en tu vientre es una pizza. Eres como el osito cariñosito más increíble de todos, es la pizza… la pizza perfecciona todo – afirmó con un tono de seriedad catedrática que no dejaba lugares a discusiones.


Aún reía un poco por la expresión en el rostro de una señora quien recibió el ataque de palomitas voladoras, cuando notó que Guido, como siempre, se tomaba muy en serio el reto, lo cual la hizo reír más – No pienses tanto, te dará un aneurisma o algo – bromeó codeando su costado con suavidad, pero al mismo tiempo se mantuvo concentrada en las personas para ver el contraataque del vent. Vio como todo sucedió en cámara lenta, con la leve esperanza de que no sucediera, por la pareja más que anda, pero con la plena certeza de que el accidente era inevitable, se llevó una boca a la mano intentando disimular su reacción pero por suerte, no era la única que no pudo hacerlo, a su lado Guido realmente disfrutaba su hazaña, volvió a codearlo sin dejar de reír – Eres malo – musitó – Aunque debería agradecerte, algo me dice que esos dos repartirían tanta ternura y dulzura que todos terminaríamos con diabetes – tomó más palomitas – Gracias por eso – le guiñó un ojo mientras metía las palomitas en su boca. Unos minutos después se reacomodó en el asiento, la película ya comenzaba y bastó oír la ridícula canción del comienzo para que la vent volviera a tener un ataque de risa, que contuvo apretando su rostro contra el brazo de su amigo a quien le dio una significativa mirada antes como quien dice: “¿Qué carajos es esto?”. Era uno de esos días en que todo parecía demasiado gracioso, y bastaba algo ínfimo para hacerla reír, era víctima de su propio buen humor. El ataque de risa simplemente no se detenía, porque además ya planeaba jamás dejar de molestar a Guido por haberla traído a ver la peor película en el mundo entero.
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Re: Cinema Italiano || Guido A. Martucelli

Mensaje por Guido A. Martucelli el Jue Jul 23, 2015 5:20 pm

Guido no era un aficionado al cine, para ser honestos. En sí, él era más de la vieja escuela: salir, correr, jugar, moverse. Era un niño demasiado inquieto para quedarse más de una hora y treinta minutos sentado. Y si encima la película era mala y no lo atrapaba, olvídate de poder verla en paz tu. Comenzaba a molestar o hacer algo para no aburrirse. Y ese "hacer algo" usualmente estaba relacionado con ruidos y estruendos o cosas explotando. Ese estilo era el del italiano.

Enarcó una ceja el castaño en cuanto su amiga se expresó. Y fue nada más percibir aquella gesticulación insinuante tan ridícula que estalló en carcajadas. Echó la cabeza hacia atrás desternillándose de la risa mientras se abrazaba el estómago tratando de aguantar el impulso de su abdomen. —No sé qué me perturba más, que en serio te gusten los iraníes o que tengas conocimiento de ellos en ese aspecto— se mofó Guido sin la intención de ser una persona racista o discriminadora. Pero sin duda, acabando por sonar como tal.
Tuvo que rodar los ojos en cuanto escuchó como ella apelaba a su supuesta anatomía de oso. Pero si se cuidó de mirar a su alrededor. No quería que nadie conocido o una potencial presa de caza escuchara aquello. Después, sin duda, le jugaría en contra sino. Y entiéndase "presa de caza" por chica de silueta candente por la cual Guido apelaría a llevársela consigo esa noche al castillo. —Si yo soy un osito cariñosito ni quiero imaginarme lo que es el profesor Gourcuff— se mofó el napolitano recordando la basta y circular anatomía de su obeso instructor de primer año. Era simplemente ridículo como las camisas que usaba parecían amenazar constantemente con saltar sus botones a cada paso que este daba. Una imagen ridícula y de película que en este caso, aparecía en la realidad. —¡Hey! Eso es discriminaciones contra los hombres más guapos del mundo— se quejó el ojiverde en un claro tono de indignación y ofensa fingidas. Luego la miró de reojo y le picó con su dedo índice y de manera tosca, una mejilla.

Recorrió de pies a cabeza la escalera principal de la sala. Buscaba las personas que aun buscaban sus butacas, que recién entraban a la sala del cine y aun no se habían acomodado. Y sumado a esas características necesarias, buscaba que tuvieran algo de lo que aprovechar para montar una broma a sus expensas. Simplemente porque no podía hacer nada, sin que fuese evidente, a una pareja o grupo que ya estuviese sentado y acomodado en las butacas. Ignoró el primer comentario de la francesa, porque no había respuesta que valiese la pena soltarle.
Cuando lo logró entonces, luego de atacar a aquella pareja de amor bueno, amor del viejo, amor ridículo y amor incómodo. Entonces se tomó unos cuantos segundos para contemplar su obra maestra. El muchacho abriendo y cerrando la boca en una perfecta "O" tratando de asimilar lo sucedido. La chica, que aun en la penumbra de un cine se percibía roja como un tomate, desesperada, tampoco comprendía qué había sucedido. Y la gran mayoría de la gente a su alrededor, riendo a carcajadas. Incluso casi, solo casi, que se sentía un poco mal por ellos. Pero luego de ese micro segundo de contemplación y regodeo, rompió a carcajadas limpias. —Vamos, si tu estás loca por un novio así— se mofó el castaño burlándose de ella. —El problema es que te juntas conmigo— aclaró después y volvió a carcajearse con ganas.
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Re: Cinema Italiano || Guido A. Martucelli

Mensaje por Anaëlle Leroux el Vie Jul 24, 2015 7:01 am

Anaëlle tenía dos posibles reacciones en respuesta a la actitud que tenía Guido como consecuencia de su comentario referente a los iraníes. Por un lado podía fingir estar ofendida por sus carcajadas o por otro, podía unírsele, sin embargo tenía una duda dando vueltas en su mente, apretó la mandíbula en una línea recta mientras lo miraba con los ojos entrecerrados exagerando una expresión de indignación en su rostro, se relamió los labios antes de convertirlos en un mohín – A mí me perturba el hecho de que te perturbe mi opinión sobre los iraníes – ladeó la cabeza sin dejar de mirarlo inquisitoriamente – Marti… - acortó su apellido, cosa que hacía solo cuando estaban sólos, mientras golpeaba su costado contra el cuerpo masculino – no seas celoso – le guiñó un ojo con diversión mientras adoptaba una postura más despreocupada en el asiento.

Fue inevitable contener las carcajadas ante la mención del docente de primer año, con ello se ganó unas cuantas miradas de reproche más un par de personas realmente molestas que la hacían callar, rodó los ojos ya que la película era mala y realmente no merecía tanto drama sin embargo no podía dejar de reír ante la ridícula imagen que el italiano había sembrado en su mente - ¡Por todos los cielos! No debiste mencionarlo – musitó con diversión – Nunca te pasó que estando frente a él, ¿te sentías como estar en la guillotina? Es decir yo siempre pensaba, en un parpadeo alguno de esos botones suyos va a salir volando directo a mi rostro – exageró una expresión de susto susurrando con diversión al oído de su amigo. La imagen del profesor Gourcuff se negaba a abandonar su mente, miró al chico con confusión - ¿Qué es discriminación? ¿lo de la pizza? – preguntó – La pizza es lo mejor del mundo, no se puede argumentar contra ella – afirmó cruzando los brazos sobre su pecho como quien dice que no hay nada que hacer al respecto.

No habían permanecido un minuto en silencio o con expresión seria desde que ocuparon sus butacas, era siempre así, cuando se juntaban solo significaba líos y es que por alguna razón parecían potenciar el lado travieso del otro. Anaëlle seguía riendo, las lágrimas amenazaban con caer de sus ya llorosos ojos y el rostro le dolía un poco de tanto reír, inspiró profundamente en un vano intento de calmarse, pues el comentario de Guido volvió a ocasionar más risas – Quiero un novio que pinte paredes declarando mi amor y me cargue el bolso veinticuatro siete – declaró con sarcasmo mientras rodaba los ojos, para luego depositar un beso en la mejilla de su mejor amigo – Por suerte me junto contigo y me haces quedar como un tiro al aire que aleja a ese tipo de chico bueno – declaró con seguridad – sólo lo lastimaría – se encogió de hombros, porque en parte y por más de que bromeara o le pesara, eso era totalmente cierto, Anaëlle tenía una facilidad para romper corazones y romper el suyo también. Apoyó nuevamente la cabeza en el hombro de su amigo – aunque juntarme contigo también me da puntos de reputación, pero jamás tantos como los puntos que consigues tú por poder abrazarme cuando se te cante – he ahí una declaración de ego que no era habitual en Ana pero que cuando salía era totalmente en serio. Levantó la vista a la pantalla justo para ver a un actor secundario – Mira, mira – golpeó suavemente y con apremio el antebrazo de su amigo – Dime que no es guapo y te declararé el mayor mentiroso de todos los tiempos.
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