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We are the poisoned youth | Guido A. Martucelli. +18

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We are the poisoned youth | Guido A. Martucelli. +18

Mensaje por Kara B. Levesque el Sáb Jul 18, 2015 11:21 pm

Cuando cruzaba la zona de dormitorios masculinos Kara siempre se sentía en cierto modo algo diabólica, ¿por qué? No hubiese podido decirlo, hacía tiempo que había perdido el miedo inicial a que la descubriesen en ese lugar, el morbo de lo que no se debe hacer terminaba por desvanecerse tarde o temprano, ¿acaso existía algo que perdurase? Tampoco era como si fuese a preocuparle demasiado que la encontrasen allí, se había metido en tantos problemas desde su ingreso en aquel sitio que ya difícilmente alguien se sorprendía cuando tenía lugar alguna de sus "maldades", hasta eso había ido menguando con el paso de los años, sus actos delictivos de la infancia se habían reducido a explosiones de carácter ocasionales y encuentros fortuitos con algunos de sus compañeros del género opuesto en algún lugar del castillo.
 
Sin embargo, pese a su carácter extrovertido y sus locuras momentáneas, no le gustaba que nadie supiese de su vida privada, para ella el sexo era un entretenimiento igual que para gran parte de jóvenes y adolescentes, atrás habían quedado los años en los que las mujeres no podían acostarse con nadie sin rendir cuentas ante todos como si fuesen unas frescas o unas sucias prostitutas. La liberalización de la mujer de los regímenes machistas se había efectuado con bastante éxito pero todavía existían aquellos que opinaban que una chica que se acostaba con más de un chico era una guarra.
Aquello tampoco era algo que la preocupase en demasía, ella ya se había labrado una reputación y no era precisamente de fresca, acostarse con hombres era algo común para ella, unas se echaban novio y otras se divertían sin compromisos, no había más lejos de aquello y tampoco es como si fuese una ninfómana que lo hacía con todos, escogía cuidadosamente quién entraba en su cama.
 
Y sin duda Martucelli había pasado sus rigurosos exámenes pese a que de cara a sus compañeros eran poco más que enemigos, ¿cómo había sucedido todo? A la chica casi le costaba recordarlo, tenían tanta historia a sus espaldas que era como si lo hubiese conocido de toda la vida, aun así no había nada romántico entre ellos aunque la tensión que se respiraba cuando estaban juntos era prácticamente tangible, quién pensaría que terminarían cómo estaba teniendo en cuenta sus múltiples rabietas, discusiones y competiciones a ver quién era el más malo de los dos.
Durante sus primeros años en el castillo no habían sido más que dos críos peleándose continuamente por quién era mejor haciendo jugarretas al final, con el paso de los años, ambos habían crecido y entre los quince y dieciséis años, cuando las hormonas despiertan... bueno, pasaron cosas y hubo de por medio algún que otro bofetón hasta que al final la chica perdió con él lo que según el mundo parece ser lo más preciado de una mujer.
Cualquiera pensaría que con el tiempo dejarían de verse a hurtadillas pero la cosa no había sido así sino al contrario, continuaban odiándose pero en la intimidad las cosas se volvían muy, muy calientes.

Kara no era una chica de romances, en absoluto, y su relación con el italiano distaba de ser algo así, cualquier cosa relacionada con el amor hacía que a la chica le saliesen sarpullidos y tuviese pesadillas pero eso no significaba que no supiese apreciar a los chicos cuando los veía. ¿Qué había causado que quisiese seguir acostándose con él? Tal vez era que a medida que pasaban los años se había fijado más en aquel brillo en sus ojos y aquella sonrisa siempre presente que no prometía nada pero lo decía todo, incluso aquel aire desaliñado que le confería su estilo siempre despeinado lo hacía ver apetecible.
O tal vez es que no podía resistirse a la inevitable tensión sexual entre ambos y a aquella relación sin compromiso y abierta que difícilmente se conseguía con otros chicos. Odiarle era algo entretenido pero acostarse con él lo era aun más.
Así que, como era costumbre para ella, se puso frente a la puerta de la habitación correcta sin saber siquiera si él estaría allí. Nunca avisaba simplemente obedecía a sus impulsos y él tampoco había puesto problemas a su forma de proceder, la chica tocó varias veces a la puerta del dormitorio del chico y suspiró, detestaba esperar.
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Re: We are the poisoned youth | Guido A. Martucelli. +18

Mensaje por Guido A. Martucelli el Dom Jul 19, 2015 2:32 am

Guido amaba el agua. Además del viento, puesto que era su propio don. Pero, si Guido fuese un humain, por ejemplo, le encantaría el agua mucho más que una fresca brisa de verano o un suave y templado clima de otoño. Le encantaba nadar, le encantaba la sensación de adrenalina en una caída libre y que luego al aterrizar fuese de manera violenta sobre el agua. Zambullirse y caer en profundidad unos cuantos metros antes de volver a emerger.

El agua, muchas veces se dice, es vida. En una pelea de orgullo Guido lo negaría, diría que el oxígeno, el aire y una atmósfera son muchísimo más fundamentales, son básicos. Pero lo cierto es que una cosa no quita la otra: el agua también es vida. Por lo que la siguiente espada a esgrimir en su repertorio es que el agua está formada por aire. Cuestión innegable, claro.

Por eso es que disfrutaba mucho de la misma. Gozaba refrescándose en una ducha o una pileta, o un baño también. Y si tenía tiempo, ganas, le encantaba un rato parar para tomarse un buen baño, como el que se estaba terminando de dar en ese momento, en la torre de los baños.
Como eran ya las diez y no muchos esperaban hasta entonces para bañarse, sino que lo dejaban para las mañanas por ejemplo, estaba solo allí. Disponía de una gran bañera, pentagonal con un banco mismo dentro de ella y que debía tener unos dos metros de ancho. Llevaba casi una hora allí dentro y sus dedos arrugados, como pasas, eran una señal evidente.
Estaba disfrutando los últimos segundos que se permitía, como la clásica flojera en las mañanas que seducen a uno para recurrir al típico: "cinco minutos más". Pero entonces, abrió los ojos saliendo de sus reflexiones, vaya uno a saber cuáles eran. Y se incorporó. Salió del agua, haciendo un movimiento fluido de su mano para controlar el aire y que este por si solo y con mucha fuerza activase el mecanismo para que comenzara a drenar la bañera. Caminó sobre el suelo de azulejos en escala de azules claros y oscuros en forma de espiral. Alcanzó una toalla y comenzó a secarse. Luego, simplemente tomó la misma y se la ató en forma de toga alrededor de la cintura, dispuesto a marcharse hacia su habitación.

Tardó aproximadamente unos diez minutos en salir seco, caminar, subir escaleras y alcanzar la torre de los chicos. Iba descalzo porque no le molestaba sentir la fría piedra de granito que hacía de suelo, bajo sus pies. Era una forma de estar más conectado con aquel castillo de Francia. Incluso iba dejando un rastro de agua, que escurría su cuerpo en las partes que menos se había esforzado y logrado secar. Finalmente alcanzó el pasillo final, el mismo que albergaba la puerta de su habitación. Dobló en la misma esquina y se sorprendió al encontrar una silueta recortada contra la última puerta, cuyo acceso solo tenían él y sus compañeros. Sonrió con cierta sorna y malicia por igual. Trató de ser silencioso como un gato y deslizarse como una sombra, una puerta anterior a la cual la terre lo esperaba, o eso suponía él. Se recargó contra la madera, con el codo doblado en v y sosteniendo con la mano su cabeza. Mientras su pierna más alejada sostenía el peso de su cuerpo y la otra la cruzaba por delante, apoyando solo los dedos de sus pies. Como si estuviese en una posición de relajación o de confianza extrema. —¿Esperas a alguien?— inquirió entonces con un brillo travieso en su mirada y una sonrisa enigmática apenas ofuscada por la punta de una lengua ávida que se relamía.
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Re: We are the poisoned youth | Guido A. Martucelli. +18

Mensaje por Kara B. Levesque el Dom Jul 19, 2015 1:20 pm

Esperó durante varios minutos con la vista fija en la puerta decidiéndose entre marcharse o tirarla abajo y esperarle en el interior de la habitación, por supuesto la segunda opción no era viable, había demasiadas posibilidades de que en lugar de entrar él lo hiciese uno de sus compañeros lo cual podría ser incómodo y difícil de explicar.
Por tanto decidió que marcharse era lo mejor antes de que algún entrometido la viese en aquel lugar aunque, siendo tan pronto, era probable que supusiesen que lo único que hacía allí era buscar a alguien para dar un paseo o algo similar…
No, divagaba demasiado, la gente tendía a pensar siempre lo peor o más sucio y por ese motivo decidió marcharse, tal vez después se molestase en buscarlo pero lo cierto es que a menos que volviese a tener el impulso… difícilmente se molestaría, así que comenzó a darse la vuelta y en ello estaba justo cuando escuchó una voz junto a ella y cómo no reconocer aquella voz, Martucelli se hallaba con una toalla envuelta a la cintura como única prenda de vestir y apoyado de forma casual como si fuese lo más normal del mundo pasear por los pasillos del castillo de esa guisa.
 
Kara enarcó una ceja bajando su vista por el torso ajeno sin denotar ni una pizca de vergüenza o un ligero rubor en sus mejillas, rara vez se avergonzaba por algo y menos si se trataba de cualquier cosa relacionada con aquel individuo.
— Lo cierto es que sí, estaba esperando a un idiota italiano. —Contestó la chica fingiendo no haberse percatado del lenguaje corporal del muchacho y el brillo pícaro de sus ojos, ella puso una expresión dulce, casi inocente en su rostro que, de no ser porque él la conocía bastante bien, casi hubiese podido convencer a cualquiera de su veracidad.— Tal vez lo conozcas, ojos verdes, siempre despeinado y bastante irritante por lo general. —Fingió que no era a él a quien se refería aunque era más que evidente.
 
Como si nada se apoyó ella en la puerta del dormitorio del chico mientras una sonrisa amplia y malvada se formaba en su rostro, aquella clase de sonrisa que podría congelarle la sangre en las venas a alguien y que denotaba que no tenía ni una mísera intención buena en su mente, en cierto sentido esa era la verdad.
 

No te imaginas lo tentadora que es esa toalla, Martucelli. —Kara habló con voz baja y grave, sus ojos ligeramente entornados y las pupilas dilatadas por la expectación.— Se me ocurre que podría quitártela y armar un buen escándalo para ver cuántos hombres se reúnen en este pasillo mientras tú estás ahí solito, desnudo e indefenso. —Puso énfasis en la última palabra remarcando sus intenciones, ¿qué chica no desearía ver a su rival puesto en ridículo delante de sus compañeros?— Aunque estoy abierta a sugerencias para entretenerme… —De un momento a otro su rostro había cambiado completamente, la tensa sonrisa de tiburón se había convertido en unos labios ligeramente curvados, los ojos entrecerrados ahora abiertos y con un brillo de maldad en ellos, batía las pestañas lentamente a sabiendas del efecto que ese gesto causaba, cualquiera podría preguntarse si tal vez Kara tenía un trastorno de doble personalidad o si acaso era bipolar. Podía ser desconcertante el hecho de que cambiase tan repentinamente de forma de comportarse.— ¿Se te ocurre algo? —Preguntó inocentemente.
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Re: We are the poisoned youth | Guido A. Martucelli. +18

Mensaje por Guido A. Martucelli el Mar Jul 21, 2015 5:56 am

Entre lo que se ensimismaba reflexionando, pensando o simplemente relajándose. Y la sorpresa que se había llevado al encontrarse a la castaña frente a la puerta de su cuarto; Guido se había olvidado completamente del ligero detalle que significaba una de las nuevas adquisiciones sobre su cuerpo. Y no hablaba de un tercer y nuevo tatuaje en su piel. Sino algo más significativo como la quemadura -aunque ya sana-
que le había dejado Frida sobre el costado de su abdomen.
Recordarla en el preciso instante en que ella volteó hacia él, fue como un balde de agua fría frente a cualquier
hipotética y fantasiosa situación perversa que él ya pudiese estar imaginando de manera delirante.

Se tensó, aunque no pudiese ser algo perceptible a primera vista, los músculos de su cuerpo se tensaron y de pronto parecía una estatua inamovible, incluso sintió como se marcaba un poco su abdomen. Lo lamentó por partida doble, no tenía un físico privilegiado y tampoco es que le sacaba partido de manera tan mediocre como haciendo "notar" sus "músculos" abdominales. —¿Un idiota italiano— repitió entonces Guido recuperando el hilo de la situación y obligándose a regresar a la realidad. Había notad como la mirada ajena se desvió en su momento a la marca rojiza que parecía ser una marca de nacimiento rosada cuando ella descendió con los ojos por su torso. —Mmmh, conozco varios italianos, pero ninguno idiota...— afirmó entonces el muchacho sonriendo divertido por el juego, continuándoselo. Lo cierto es que así lo prefería, sino comenzaría a pensar en ella. Y eso jamás sucedía sin sus consecuencias físicas y mentales.

Algo que le hacía delirar de ella era su capacidad para jugar. Si no fuera tan... Kara, incluso sería su mejor compañera de juegos. Ella sí que sabía divertirse, a veces incluso se preguntaba por qué no era Vent por esa misma aptitud. Suponía que el carácter y el elemento de su don no se relacionaban en absoluto más allá del posible patrón a encontrar en los distintos dones. Era algo que lo estimulaba y a esa altura, incluso lo excitaba.
Mmh, ojos verdes...— repitió fingiéndose reflexivo, pensativo. Como si en verdad se estuviera concentrando para recordar a alguien así. —...siempre despeinado...— añadió de manera lenta, pausada. Realmente era un muy buen "acting" el suyo. —No— concluyó entonces, recuperando su tono jovial y abandonando lo taciturno. —Suena alguien guapo y encantador así que seguramente lo recordaría de haberlo visto ¿Estás segura que por aquí está su cuarto?— inquirió entonces con falso interés y a duras penas aguantándose la risa.

Se hizo una pausa entonces. Ambos no dejaron de mirarse, siquiera pestañeó alguno. Simplemente se estudiaban y ambos imaginaban, diseñaban su estrategia. Eran así, se mimetizaban en muchísimos aspectos: ese no era una excepción. Entonces, ella decidió romper con la fantasía. Él se limitó a sonreír de soslayo y sin separar sus labios. —Lo sé, suelo causar ese efecto en las personas— se jactó entonces Guido en respuesta. Lo hizo con una voz profunda, algo ronca y con una seguridad propia de galán de telenovela latinoamericana. Jugar a ser "Johnny Bravo" le encantaba, gracias a Dios no tenían el mismo éxito con las mujeres. El italiano se fijó en su rostro, era espeluznante y aterrador. Podía llegar a darte un escalofrío, si la cuestión no estuviese tan inclinada dentro de la balanza: estaban solos. Eso solo significaba cierto "click" en su trato casi que diario. Incluso llegaba a preguntarse a veces ¿cuál de los dos tratos era actuado? Esperaba que al menos una parte en concreto que comienza con o y acaba en rgasmo fuera honesta. Con eso él se conformaba. —Porfavor, Levesque— intervino con cierta gracia el ojiverde mientras se relamía y la miraba con lascivia ahora siendo él quien recorría su torso por sobre la camisa blanca del uniforme escolar y luego sobre el escote que formaba su cuello abierto y el nudo de la corbata flojo. —Si algo he aprendido a través de los años es que no eres tan básica— concluyó él con una mirada desafiante ahora y fija en las pupilas ajenas. Era un desafío indirecto en toda regla. Así además, se aseguraba que no fuera a suceder aquello con lo que había sido amenazado.

Dejó de recargarse sobre la puerta contigua. Lo cierto es que ya comenzaban a demorarse en aquel pasillo y no quería exponerse a riesgos innecesarios ¿Que si el castaño estaba seguro de cómo terminaría todo? No, hacía tiempo había aprendido que con ella era como el resto con él: sin expectativas, impredecible como las corrientes de aire mismas. Pero aun así, no iba a mermar en sus esfuerzos por llegar a un punto en específico ¿Qué hacía en el pasillo de su dormitorio sino? Tan tonto él no era ni pretendía ser.
Se relamía ahora, sin poder contenerse, casi como un animal. Kara era una mujer, porque se había ganado el respeto suficiente de Guido -pese a su odio por ella- como para aceptarla como tal. Pero el punto es que era una mujer que generaba violencia. En muchos sentidos. El castaño se sentía uno de los pocos -sino el único- plenamente consciente de todos los sentidos en que podía generarlo. Su lenguaje corporal y sus jugadas tan precisas y medidas, eran un claro ejemplo. —Quizás se me ocurran un par de cosas pero necesitaría un motivo para confiarte tan buenas ideas...— manifestó el castaño acercándose hasta quedar frente a frente con ella. Apoyó una mano sobre la pared nuevamente la otra la cruzó sobre su cuerpo como si fuera hacia ella, solo que a diferencia de esto giró el picaporte de la puerta y la dejó abrirse hacia adentro. —¿No prefieres discutirlo en mi oficina?— inquirió de pronto, arqueando ambas cejas y mirándola de manera burlona por un instante. El deseo no obstante, poco a poco ganaba terreno y se lograba superponer a todo.
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Re: We are the poisoned youth | Guido A. Martucelli. +18

Mensaje por Kara B. Levesque el Lun Jul 27, 2015 11:37 pm

Al parecer Guido no se percataba de que Kara lo conocía lo suficientemente bien como para saber cuándo le ocurría algo y más si era tan evidente como el hecho de que, de un momento a otro todo su cuerpo se había tensado como si la castaña le hubiese dicho algo. Era prácticamente imperceptible, como la marca rosada al costado de su abdomen, pero estaba menospreciando a la chica si de verdad pensaba que no iba a darse cuenta de aquello, se habían acostado las veces suficientes como para que supiese si él tenía una marca o no y, definitivamente, aquella marca rosada no estaba ahí la última vez que lo había visto.
Un destello maligno brilló en los ojos de la Terre, algo que duró unos segundos, sin embargo la chica no dijo nada, eso supondría interrumpir lo que estaba en camino y, sinceramente, no le interesaban los problemas que el chico pudiese tener a menos que influyesen en el pequeño amigo que tenía entre las piernas.
Vaya, supongo que uno mismo nunca termina de conocerse del todo, ¿no es cierto? —Indicó insinuándole, de nuevo, que aquel idiota italiano era él.

Sin embargo no se le quitaba de la mente lo que habría pasado por la cabeza de él, rápidamente volvió al juego así que ella sonrió con maldad dispuesta a seguir aquel teatrito suyo en el que fingía que no sabía nada del chico del que le hablaba.Pues ahora que lo dices... no, no estoy segura, tal vez debería irme a buscarle en otro sitio para proponerle lo que tenía pensado... —Susurró intentando parecer inocente mientras que, al mismo tiempo, hablaba en voz baja, ligeramente ronca. Por un momento únicamente nos mirábamos sin decir nada, esperando a que el otro jugase el siguiente movimiento, era curiosa la forma en la que ambos podían conectar a cierto nivel mental, aquella voz suya tan grave y segura de sí misma le causaba gracia a Kara aunque no podía negar que encendía sus centros nerviosos. Una fuerte risa sarcástica quedó atrancada en los labios de la chica que únicamente volvió a sonreír curvando los labios ligeramente, no sabía si sentirse halagada o no, con el italiano siempre era difícil decidirse, ¿fingían, no lo hacían? ¿Qué era actuado y qué no? Ella sabía las cosas que hacía de verdad y se imaginaba las de él, ¿acaso era posible fingir la atracción física? Estaba claro que sí, pero cuando dos personas se detestaban como ellos dos... por lo general no mantenían ningún contacto, en cambio ellos sí lo mantenían.
¡Y qué contacto!Oh, por Dios, Martucelli, si no te conociese diría que me estás lanzando piropos... ¿o tal vez intentas retarme? —Mantuvo sus ojos clavados en los de él con aquella sonrisa entre seductora y malvada tan característica suya, adoraba aquel aspecto juguetón de Guido, era una de las cosas que le atraía de él.

Por fin el italiano se decidió a moverse del pasillo, ya sospechaba que en cualquier momento los cogerían in fraganti allí en medio, él en toalla, ella recostada contra la puerta de su dormitorio, ¿acaso se podía pensar en ello de alguna buena forma?¿Estás dispuesto a confiarme tus ideas? —Dijo al ver que se acercaba bajando algo más la voz para que fuese no menos que un susurro en la corta distancia que había entre ellos, soltó una suave risa al escuchar la mención a su "oficina", hasta que al fin se dignaba. El ya sabía que Kara iba normalmente al grano, con ella las cosas eran así.Por supuesto, estaba deseando discutir ciertas cosas contigo... en privado. —Entró en la habitación esperó a que lo hiciese él para cerrar la puerta tras ellos, la chica se recostó contra la puerta cerrada y alargó el brazo para atraparlo a él de la toalla y acercarlo a ella.
Recorrió con las uñas desde la zona de debajo de su ombligo hacia arriba, despacio, lenta pero inexorable hasta pararse en su pecho.¿Te apetece que empecemos la discusión—Murmuró relamiéndose los labios y sin apartar sus ojos oscuros de los de aquel extraño e irritante ventus.
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