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Somebody that I used to Know — Guido

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Somebody that I used to Know — Guido

Mensaje por Frida A. Goldsworthy el Lun Jul 13, 2015 6:51 pm

Si desde Irlanda no había llegado directamente al castillo era porque deseaba disfrutar de la ciudad y también un punto importante: no encontrarse con ningún alumno de Chambord, al menos que ella quisiera lo contrario. Entonces ¿Por qué ahora estaba en el parque junto a algunas compañeras?  El error había sido no ser muy precavida a la hora de deambular por la ciudad, se había encontrado con una de las muchachas mientras se encontraba en la librería hace unos días, quien inmediatamente le había propuesto que hicieran un grupo para recorrer la ciudad mientras se acercaba la gran festividad, el día de la independencia de Chambord. No pudo negarse, no después que la muchacha se mostrara tan entusiasmada y feliz por encontrarse con la pelirroja, ni siquiera eran muy cercanas, pero al parecer la otra chica si le tenía un alto estima.

Esa mañana tuvo un debate mental consigo misma, podía quedarse en cama repasando un libro para no estar el primer día de clases muy pérdida o podría hacer vida social como cualquier ser humano normal. Eligió salir con el grupo de chicas por miedo, miedo a que de vuelta al castillo le dejaran de hablar por el hecho de no haber acudido al encuentro. Llegó algo impuntual, había perdido tiempo intentando hacer algo novedoso con su cabello pero no lo había logrado, para la próxima vez anotaría paso por paso aquel peinado que le había hecho su madre en las vacaciones porque esa vez había olvidado un paso y por eso no había quedado igual al que le había hecho su progenitora. Saludó al resto de las muchachas y se dispusieron a recorrer las adornadas calles, deteniéndose cada cierto tiempo para mirar algunos puestos artesanales. Su última parada fue un puesto que vendía diversos sabores de chocolates donde Frida gastó lo suficiente para alimentar a tres de ella. A las otras chicas les pareció sospechoso el hecho de que la pelirroja comprara tanto, creyendo que le llevaría a alguien más, pero no Frida lo había comprado para ella sola, es que el chocolate era su mayor placer culpable.

Se detuvieron en el parque para comer lo que habían comprado, todas comentaban lo que habían hecho fuera del castillo. Algunas como Frida había vuelto a su país para estar con su familia y otras, claramente con más dinero, se habían dedicado a conocer diferentes ciudades por el mundo. Frida se encontraba demasiado entretenida oyendo la anécdota de una de las chicas cuando otra interrumpió la charla – ¿Frida ese no es tu ex novio?—le preguntó descaradamente a la pelirroja a la vez que apuntaba unas bancas más allá. La irlandesa sintió que sus piernas le fallarían y terminaría en el suelo, pero mantuvo su compostura girando su rostro para mirar, era Guido. Con Guido habían rompido antes de que llegaran las vacaciones – Lo es— Afirmó queriendo que en ese preciso momento la tragara la tierra. El grupo comenzó a murmurar algunas ideas, pero Frida apenas oíaPues deberías ir a saludarlo, eso demostrará madurez de tu parte—le aconsejó la misma muchacha que primero había notado a Guido en el parque. La pelirroja no supo en que momento había aceptado, pero se encontraba ya en camino a enfrentarlo, girando su cabeza de vez en cuando para ver a las demás quienes elevaban sus pulgares y le sonreían dándole apoyo. Cuando estuvo más cerca aminoró el paso, llegando frente al chico sin meter ningún ruido – ¡Guido! – su voz la traicionó y más que un saludo parecía un aullido, se mantuvo bastante quieta, esperando alguna respuesta del chico.
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Re: Somebody that I used to Know — Guido

Mensaje por Guido A. Martucelli el Mar Jul 14, 2015 5:22 am

Había retornado a Francia, antes de lo que se esperaba. Nadie esperaba cruzarlo por Chambord hasta el inicio de clases. De hecho, dentro de lo "conocido" que podía llegar a ser Guido -que por cierto poco no era- era bien sabido que el retrasaba su partida de Italia lo máximo posible.
Pero la historia de su regreso prematuro, era cuestión de contarla otro día. Durante ese preciso instante, el italiano se paseaba por una adoquinada callejuela de la ciudad, con la vista en el cielo, despejado y brillante. Un azul imponente y basto. Era increíble lo que le gustaba el cielo, podía pasarse una tarde entera echado en el césped observándolo.

Sus pasos eran los maquinistas de la locomotora que resultaba ser su cuerpo. El tren de corta distancia que divagaba sin un rumbo fijo ni específico. Realmente, jamás había llegado antes en vacaciones a Francia, así que no tenía mucha idea de qué podía hacer durante ese corto período hasta que las clases comenzaran. Por otro lado, tampoco sabía cuántos y cuáles de sus conocidos u hasta amigos estaban allí. O quizás por costumbre sabía quienes volvían pero en cualquier caso no sabía dónde se encontraban.
Finalmente derivó en un parque de la ciudad. Era uno de los más pequeños, pero aun así estaba muy bien. Cuidado, con el césped de un verde natural intenso y frondoso, bancos limpios y árboles bastos que ofrecían sombra y refugio cuando el Sol se comportaba de manera impiadosa con sus rayos de intenso calor. Respiró de manera profunda cuando reparó en que no era mucha pero si considerable la cantidad de gente en el parque que lo adornaba con el murmullo típico de las conversaciones animadas. Distraído, el italiano reparó en un vendedor que trataba de atraer clientes haciendo sonar una campana. Se acercó para revisar que vendía, descubriendo que era helado y sin dudarlo él pidió un cono para él, sabor chocolate acaramelado y vainilla con avellanas.

"¿Oye, tu no eres Guido?" sintió entonces, una voz que le hablaba en un marcado acento francés. Era sin duda una voz infantil la que había escuchado, así que volteó a ver. Sorprendido, con ambas cejas enarcadas, se encontró con tres siluetas frente suyo. Una niña y dos niños. Uno de ellos, de cabellos rubios platinados, era el que estaba al frente y quien parecía haber hablado. —Bueno, eso, en verdad, depende de quién pregunte...— masculló divertido el napolitano, sonriendo con cierto divertimento y cierta jugarreta. Dispuesto a jugar con los pequeños. Los chicos se miraron, confundidos, sorprendidos e incluso con algo de temor. Supuso él que por temer haberse confundido de persona o extra limitado con el -para ellos- desconocido Guido. "Es que... nosotros somos de Chambord..." añadió la niña que llevaba el cabello en una trenza, no debían tener más de once años. —Bueno, eso es de esperarse, ¿no se llama así esta ciudad?— concluyó él haciéndose el tonto y jugando con ellos. Entendía por dónde iban los pequeños. Después de todo, él tenía su merecida y trabajada fama dentro del castillo. Pesase a quien pesase.
Pero de pronto, otra nueva voz lo sorprendió casi a sus espaldas, pero inclinada sobre la izquierda de su perfil. Pese a lo extraña que había sonado, aquella voz si le resultaba familiar. Frida... pensó con cierta pesadumbre y cierto recelo. —¿Frida?— inquirió volteando a ver, comportándose como pocas veces de una forma cortés. Aunque, con ella, siempre había sido así. —Pero si en verdad eres tu, pitufa...— masculló soltando una risotada, de esas que a´él le salían de forma natural, auténtica y encantadora, todo el rato. Lo que nadie sabía es que las tenía muy bien practicadas. —¿Qué haces por aquí? ¿Estás sola?— inquirió entre un intento de querer mantener la conversación viva y no caer en un silencio incómodo y curiosidad sana, amistosa. Pero entonces reparó en su garrafal error, en la idea que daba de sí esa pregunta y trató de enmendarse. —Quiero decir, eso no me incumbe... ¿qué tal estás? es la pregunta que buscaba...— apresuró las palabras Guido, dejando de voltear casi para todos lados buscando a alguien o algún grupo que pudiese dar señales de ser su acompañante.
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Re: Somebody that I used to Know — Guido

Mensaje por Frida A. Goldsworthy el Mar Jul 14, 2015 6:39 am

Frida tenía claro que tarde o temprano debía enfrentarse al italiano, pero si le hubieran dado a elegir hubiera pospuesto el encuentro hasta que ella se hubiera mentalizado en que debía suceder. Probablemente jamás se hubiera mentalizado y habrían tenido que cruzarse justamente como lo estaban haciendo ahora. Cuando le preguntaron si aquel era Guido rogó a que la chica fuera miope o que se hubiera confundido con otro chico, porque su estómago pareció contraerse de una manera anómala, o al menos así lo sintió. Pero cuando se giró y vio aquel inconfundible rostro no cayó duda en que era su ex novio, aquel con quien había tenido una relación durante un tiempo y había terminado de forma abrupta porque creía que ella era un peligro para él. Lo había quemado, y aunque no había sido algo traumante para él, para ella sí lo había sido, había sido como una abofeteada después de años de autocontrol en Chambord.
 
Mientras se acercaba se preguntaba que hacía rodeado de tres niños ¿Acaso tenía un trabajo como niñero? Quiso detenerse para observar aquella escena, pero sabía que las miradas de las chicas a su espalda la incitaban a seguir con su propósito. Con ambas manos se aferró a la bolsa de papel, esa que contenía muchas de sus pequeñas barras de diferentes sabores de chocolates, cuando el comenzó a voltearse para enfrentarla. Cuando pronunció su nombre por inercia las comisuras de sus labios se elevaron, regalándole una tímida sonrisa, los niños también enfocaron su mirada en ella y solo pudo saludarlos con una de sus manos, aun no sabiendo quiénes eran. Pitufa, al parecer no había perdido la costumbre de llamarla así, quiso reírse junto a Guido pero si comenzaba a reírse dudaba que por los nervios fuera a detenerse y aquello sería muy vergonzoso – Disfruto de la ciudad antes de empezar las clases—respondió hablando de forma apresurada, esperaba que el tiempo que habían estado juntos él hubiera aprendido a descifrarle las palabras cuando comenzaba a hablar a la velocidad de la luz, tuvo que tomar un poco de aire antes de continuar – No, estoy con…— y fue ahí que notó que la pregunta se había vuelto algo extraña, quizás una mala interpretación de las palabras ajenas – …las chicas – sentenció apuntando hacía su espalda. Ni siquiera quiso voltearse, podía adivinar como todas estaban mirando sin ningún tipo de vergüenza. A pesar de que no le incumbía si Frida estaba con alguien o no, quiso responderle, pero prefirió callar – Bien, extrañaba Irlanda, pero igualmente extrañaba este lugar—murmuró dando una mirada a su alrededor, observando los comercios, el parque y las personas.
 
Cuando volvió la vista a Guido y sus niños, porque no hallaba otra forma de nombrar a los pequeños se percató que no le había preguntado por él, no porque no le interesaba, es que a veces se perdía en la belleza que podía brindarle su alrededor – ¿Tu cómo estás? ¿Tuviste unas buenas vacaciones?— su mirada vacilaba entre el chico y los otros tres pequeños acompañantes, no quería interrumpir lo que estaban haciendo pero prefería quedarse allí por un momento, porque sabía que cuando volviera junto a su grupo de compañeras la inundarían en preguntas. – No me digas que tu nuevo hobbie es ser niñero—enfatizó esas últimas palabras porque le parecía gracioso – ¿Quieren?—le preguntó a los niños mientras estiraba su bolsa de chocolate – Sé que no se debe aceptar dulces de un extraño, pero pueden preguntarle a Guido si soy confiable—le guiñó el ojo a los muchachos mientras esperaba a que se decidieran.
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Re: Somebody that I used to Know — Guido

Mensaje por Guido A. Martucelli el Vie Jul 17, 2015 6:11 am

Los pequeños, se miraron nuevamente entre ellos. Pudo o creyó entrever el castaño dominante del aire que uno de ellos comenzaba a perder la paciencia mientras que ella lo que perdía era el miedo o la timidez. "Pero nosotros no hablábamos de la ciudad, hablamos del castillo... de la escuela" insistió y luego asintió con la cabeza, con suficiencia como si no le dejase alternativa a el muchacho mayor. Pero Guido, ella tendría que enterarse tarde o temprano, siempre -absoluta y completamente- siempre tenía alternativa. —Menos mal que van a la escuela, jamás lo habría imaginado...— se mofó esta vez, muchísimo más abiertamente el estudiante de último año, hasta que llegó su ex-novia a escena.

Sus ojos, verdes como el musgo, brillantes y destellantes de vida como era el propio Guido enérgico, no pudieron dejar de reparar en aquel gesto de la pelirroja. Aquel tipo de detalles, no hacía sino generar y alimentar ciertas dudas en el interior del italiano que caían en la redundancia de una única incógnita inevitable: "¿por qué". Pero bien sabía él que tiraba más su orgullo y amor propio como para buscar las respuestas. Lo que había sido, fue y lo que sería, jamás pasaría. La historia, porque de eso se trataba: historia, pasado. Se había consumido, irónicamente, en una llamarada efímera. "Nunca dejes de sonreír pequeña" reflexionó por un instante y el recuerdo de una tarde cualquier del año anterior, compartiendo ambos una tarde bajo un manzano se evocó a su memoria. La brisa apenas mecía las hojas del viejo árbol en aquel otoño. Él se respaldaba en el tronco arrugado de madera, mientras ella descansaba sobre su pecho. Era de esos momentos increíbles y solo de ellos, había gente en el mismo jardín, si, pero era como si no estuvieran, al menos para él. Porque se sucedía como si se tratara de una película donde la lente solo captaba con nitidez sus figuras, su alrededor más cercano y el resto era difuso, borroso. Ahí alcanzó la frase por primera vez: "Nunca dejes de sonreír enana, que así iluminas el mundo mucho más que con una llama". Guido no sabía si aquella frase había gustado o no a -por aquel entonces- su novia. Tampoco sabía si de haberle gustado fue mucho, poco, normal, o qué. Pero para él, había sido algo así como un lema, una filosofía de vida. Si estuvieran en la posición del otro a él simplemente le hubiese encantado. —Oh, vaya... bueno, eso tiene mucho sentido... es que ya sabes, bueno yo... no acostumbro a venir sino hasta el primer día de clases...— quiso excusarse por no haberlo asumido. Quiso excusarse por no saber, por no prever. En realidad, se excusaba por lo incómodo pero si se hubiera detenido a analizarlo, él no tenía la culpa. Y en tal caso, no se hubiese disculpado.

Un nudo se había formado en la boca de su estómago. Un nudo que oprimía y ponía de los nervios al italiano. Sus ojos, veloces como la luz se movieron en la dirección que la chica le señaló, a sus espaldas. Enfocó al grupo de chicas reunidas que miraban sin disimulo ni esfuerzo alguno por disimular, hacia ellos. Y que cuando repararon en la mano de Frida y la mirada de Guido sobre ellas, de inmediato reaccionaron desviando sus miradas, tratando de aparentar que nada había sucedido por allí. Y el nudo, se aflojó. Arrugó el ceño, pensando que esa sensación no le había agradado para nada y mucho menos haber tenido que aguantarla e ignorarla.
O sea que... ¿extrañabas dos sitios a la vez? Es extraño como eso a veces sucede... queremos una cosa y cuando la obtenemos, extrañamos lo que teníamos inmediatamente antes...— murmuró divagando el chico con el don del aire.

Terminó llevando sus manos hacia los bolsillos de sus vaqueros. Por el mero hecho de hacer algo y no quedarse -cómo él lo interpretaba- como un idiota contemplándola. Necesitaba llenar ese vacío que se generaba de forma demasiado seguida entre ellos. Era ese silencio incómodo, "ese" silencio condenado y maldito. Y si no era con palabras, porque no le gustaba emplear frases echas, entonces lo hacía con gestos como ese. Pero la pregunta salió a su rescate y la incomodidad por un momento se redujo. —Eh... si, bueno... digamos que fueron vacaciones y ya— musitó el muchacho, honesto como solía ser pero sin pretender contarle los problemas de su vida. No, Dios, claro que no. Ni muerto.
¿Ni-ñero?— repitió desconcertado el italiano, hasta reaccionó cuando ella ofreció de su bolsa a los pequeños que lo habían abordado segundos antes que la pelirroja. Le sorprendió el hecho de que se habían quedado callados y observando. Por otro lado le disgustó, eran unos entrometidos. Y eso lo reflejó su nariz arrugada y el mohín infantil de sus labios. —No, para nada... ellos... realmente no sé que querían, apenas y nos estábamos presentando...— mintió a medias el napolitano. ¿Él como niñero? ¿Qué padre sería tan irresponsable como para exponer a su hijo a la muerte de aquella forma?
"...pero pueden preguntarle a Guido soy confiable". Y menos mal, menos mal que la situación lo superó y el tiempo transcurrió rápido. Porque tardó en procesar la frase el italiano y los chicos siempre reaccionan igual cuando hay dulces de por medio, sobre todo chocolates. Ni lerdos ni perezosos se abalanzaron a tomar uno. Suspiró aliviado para no tener que responder pero inconscientemente una de sus manos acarició lentamente el costado derecho de su abdomen.
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Re: Somebody that I used to Know — Guido

Mensaje por Frida A. Goldsworthy el Sáb Jul 18, 2015 12:26 am

Debería haberme quedado en cama, pensó mientras caminaba al encuentro con Guido y los tres niños. Creía que en cualquier momento comenzaría a sonar alguna música de suspenso para acompañar a ese caminar tembloroso, pero nada, no era prisionera de una película ni de un sueño, era la realidad. Cuando volteó a mirarla supo que era real, había soñado muchas veces con él y los orbes verdes del muchacho siempre eran mucho mejor en la realidad que en sus sueños. Aquel estomago que había sentido contraído desde que se había enterado de su presencia se relajó inmediatamente al enfrentarlo cara a cara, no porque estuviera menos nerviosa, porque lo estaba y demasiado, era una reacción de su cuerpo al efecto Guido, como solía decirle; nunca se había sentido tensa a su lado y su cuerpo tenía memoria. En el pasado para la pelinaranja él había sido sinónimo de relajo, así había sido la mayoría de su relación, no perfecta porque sí habían existido discusiones pero nada grave hasta el término del noviazgo. Asintió ante sus palabras, lo recordaba, el año anterior ella misma lo había acompañado a dar una vuelta por la ciudad al comenzar el año en el castillo, apenas habían comenzado en ese entonces y ahora un año después apenas existía una relación entre ellos.

Frida se enfocó en el rostro del muchacho cuando miró detrás de ella y a juzgar por el gesto de Guido lo que había visto no le había agradado, ella esperaba que sus compañeras después de haber sido descubiertas dejaran de observarlos a ellos dos como si fueran la obra más entretenida del parque
– Si te molestan podrías enviarles una ráfaga de viento, a mí no me molestaría—lo incitó, si había salido con aquellas chicas era por cordialidad, a ninguna de ellas las consideraba amigas. Lo entendía, cuando habían terminado había sido antes de las vacaciones y en ese entonces había agradecido haber corrido a Irlanda a refugiarse, pero incluso en su tierra natal lo había extrañado a él, contarle como su madre, también poseedora del don del fuego, al fin había aceptado a enseñarle un viejo truco o como había sido el blanco de burlas de sus hermanos mayores. Infinidad de veces había estado a punto de enviarle un mensaje, pero el miedo al ser ignorada por Guido había impedido haber apretado la tecla enviar – Cuando pierdes te das cuenta de lo que tenías—susurró, era bastante irónico haber dicho eso en presencia de él – A Irlanda lo amo, a Francia lo quiero, son diferentes formar de extrañar  explicó esperando que aquella frase hubiera captado Guido y no la interior.

Esperaba algo más que esa respuesta, pero tampoco tenía el derecho de entrometerse en las vacaciones de él, ya no podía exigirle nada porque ella así lo había decidido. Su yo curiosa y entrometida estaba bastante estresada por la situación, pero su yo sensata era capaz de manejar la situación
– ¡Wouw se oyen unas vacaciones muy emocionantes!—y así fue como su yo entrometida dominó la situación, quiso morderse su propia lengua pero era muy tarde, el sarcasmo había salido a la luz. A Frida le gustaban los niños, siempre se imaginaba teniendo cinco hijos para que no se sintieran tan solos como ella se había sentido siendo apartada de los demás niños por su don. Lo que no se imaginaba era a Guido gustando de ellos, jugando con pequeños por simple placer así que por eso su suposición de un trabajo de niñero – Con ese gesto espantarás a los niños—dijo poniendo aquella misma expresión de él; nariz arrugada y el mohín de sus labios, sólo duro unos segundos antes de reír, los niños lo hicieron con ella, burlándose de Guido.
 
Menos mal había comprado más que todas sus compañeras, todo debido a su fascinación con el chocolate, porque los niños apenas le dejaron algo después de coger el dulce. Mientras los niños le agradecían y ella les volvía a sonreír vio como el chico tocaba su costado y aquella sonrisa desapareció – ¿Podrían dejarnos solos? – preguntó con suma delicadeza a los pequeños, quienes se miraron entre ellos, juntaron sus cabezas hablando apenas en susurró por lo que Frida no los escuchó, después de unos segundos asintieron y se fueron – ¿Fue ahí cierto?—miraba la mano de Guido, ella sabía exactamente donde su mano izquierda lo había dañado, solo necesitaba una confirmación de su parte. Aquella vez había sido una de las últimas donde se había permitido tocarlo, no podía volver a tocar su piel aunque sea de forma minúscula sin el miedo de creer que podría a volver a dañarlo – Lo siento… lo siento tanto—sabía que no había sido con intención, pero eso no la hacía sentir menos culpable porque al final era ella la responsable de sus actos y quemarlo solo había sido su culpa. Se acercó más a él de manera inconsciente con la intención de posar su mano sobre la de él, una manera de consuelo, pero detuvo su extremidad unos centímetros antes, no lo puedes tocar, se repitió conteniéndose.
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Re: Somebody that I used to Know — Guido

Mensaje por Guido A. Martucelli el Sáb Jul 18, 2015 8:40 pm

Finalmente, Guido consiguió su propósito: exasperarlos. Los tres, casi sincronizados, como si fuesen trillizos, bufaron de cansancio. Ya no querían que él les tomase el pelo y estaban a un paso de retirarse. Aquello no eso disminuir la diversión de Guido pero si cambiar de estrategia, ya había estado bien. —Ya, ya, si soy Guido, Guido Alessandro Martucelli al servicio de sus pequeñas eminencias...— exageró en su presentación el italiano, incluyendo una ridícula y engorrosa reverencia. Con la cual su torso quedó casi a noventa grados de sus piernas y una de sus manos en un floreo quedaba extendida y la otra en un movimiento curvo, elegante, cruzaba toda su cintura como si quisiese alcanzar a la otra. Los pequeños comenzaron a reírse, al principio disimuladamente pero luego ya de manera abierta, sin pudor. Guido sonrió satisfecho y volvió a incorporarse, erguido y ya en una posición corriente. "Entonces ¡Si eres Guido!" masculló el niño que más había permanecido en silencio y expectante, ahora notablemente emocionado. "¿Es cierto que saltaste de una de las torres del castillo al suelo?" inquirió de pronto, hambrienta de curiosidad la niña. "¿Y qué realizaste un huracán tan grande que sostuvo en el aire al castillo y luego lo dejó caer en su sitio?" prosiguió sin esperar respuesta hasta que la interrumpió el tercer niño. "¿O que un día saliste con cinco chicas en distintos momentos y estas no se enteraron?" los ojos le brillaban al hablar. La sonrisa del vent se ensanchó sintiendo como su ego se inflabla y su orgullo se hinchaba. —Wow, wow, wow, veamos, de a uno viejo...— masculló extendiendo por lo bajo los brazos hacia adelante con las palmas hacia afuera como si les hiciera un señal para que se detuviesen, mas bien que bajasen el ritmo. Y justo en ese instante una cuarta voz conocida que desembocó en tan engorroso encuentro se hizo oír.

Le costaba desviar la mirada, sobre todo en ese plano. Era parte de lo que todo ser humano o dotado podía detestar sobre las relaciones que finalizaban mientras uno quería al otro. Y se ponía en ese sitio él porque sino ¿por qué ella había insistido tanto en terminar? Notó ese cosquilleo sobre la cicatriz enrojecida y rosada. Eso no importaba, a él no le había importado ¿Si no se lo esperaba? Está bien, no, pero ¿Y qué? Él la había querido, la seguiría queriendo y si era un riesgo por alcanzar ese momento con ella, estaba dispuesto a correrlo. Quizás era por el cóctel adolescente de hormonas más sentimientos más ansiedad ¿Y? El punto era ese, qué difícil resultaba no mirarla, por vergüenza, respeto o lo que fuese, cuando la tenías enfrente. Su vista se veía concentrada por sus propios pensamientos pero para los demás podía parecer que miraba muy atento al grupo de muchachas que ahora cuchicheaban. —¿Ah? ¿eh? perdón...— se apresuró a decir, volviendo en sí, procesando con retraso lo que ella había murmurado. —No, no, está bien, son tus amigas, no me molestan...— aseguró Guido aunque a muchas no las conocía y a otra no sabía que fuera amiga de Frida hasta ese momento.
Guido tomó aire, de pronto, no se sentía tan tenso. Tampoco estaba nervioso, con ella y luego de lo que habían pasado -para bien o para mal- tenía ese mínimo de confianza como para no ponerse así. Estaba calmo, templado. Pero claro, no dejaba eso de lado su incomodidad más que deducible. —Y nuestra propia mente no es juega en contra ¿no?— reflexionó divertido, pero ya no estaba hablando de Francia ni de Irlanda, tampoco de Italia. Hablaba de ella, sentía en el fondo que de alguna forma había sido su culpa. Si lo pensabas, eran demasiado distintos, él era intenso, enérgico y ansioso, ella era callada, calma y templada, seria incluso. Algo tuvo que provocar para que ella quisiera terminar con él, sino era estúpido que ella quisiese cortar por haberlo quemado. Mas, tratándose de Frida, esa cabía como una posibilidad. Su mente, era un caos. —Y también distintas de querer— manifestó el italiano, puntualizando en la diferencia de verbos que ella había empleado. Era redundante si, pero no cuando su inconsciente sacaba a colación situaciones perfectamente aplicables a lo que hablaban. Traicionado por sí mismo, como podía llegar a odiarse a veces.

Por primera vez, en ese corto lapso en donde habían y estaban sucediendo demasiadas cosas. Al punto de poder sorprender a cualquier espectador que lo comprendiese por no colapsar ninguno de los dos; Guido divagó a un punto de su mente dónde Frida no estaba ni como foco principal ni secundario. Pensó su abuela, "la nona" pensó en las palabras, con su acento italiano y sonrió. Lo hizo con el encanto natural y auténtico de él mismo. La extrañaba y casi no la había visto. Le daba igual su madre a esa altura pero ¿por qué no lo había dejado quedarse con ella? —¿Eh?— volvió a repetir, cuando ella lo sacó de su absorción mental, de su reclusión reflexiva. Miró a un lado y otro, hasta que tardó en comprender lo que se daba. —Ya, bueno...— alcanzó a decir, en su afán por no quedar como un imbécil mientras llevaba una mano detrás de su cabeza, por sobre esta y flexionada en "v" por el codo, para sobarse el cabello. Estaba incómodo. —Ya, es que... no estuve mucho tiempo en Sorrento este año— acabó confesando Guido. Podía parecer un detalle mínimo, un dato de color. Pero era la primera a la que se lo contaba. Guido no era de los que contaban sus propios y muchos problemas familiares, directamente si le sacabas algo sobre su infancia y vida cuando niño y familiar solo conseguirías saber dos cosas: que aprendió a navegar un velero con diez años y que su abuela es la mejor cocinera de pastaciutta del mundo.
Escuchó el coro de risas y arqueo ambas cejas, sorprendido. Incluso en su mirada se podía adivinar una táctica inquisición. "¿Y tú de qué lado estás?". De todas formas sonrió e incluso soltó dos o tres carcajadas también. —Ya, que se supone que tu eres de mi equipo pitufa— le reprochó el italiano sonriéndole de lado, un poco incómodo de su mismo gesto ¿Se suponía que podía sonreírle aun? Sonaba estúpido dudarlo, pero no es como si hubiese tenido muchas novias antes o experiencia lidiando con ex's. El contador recién iba en uno cuando se trataba de cosas serias.

El estómago le vibró en un rugido a medio hacer. En ese momento comenzaba a recordar su propio helado que estaba comenzando a derretirse en su mano. Se reprochó a si mismo el despiste y la imagen de imbécil que debía haberle dado a Frida. "Un tonto que continúa paralizándose y quedándose prendido exclusivamente de ella cada que la ve" concluyó con pesadumbre y enfado a sí mismo. Probó su helado y el sabor acaramelado del chocolate que había pedido invadió sus papilas gustativas. —¿Ah? ¿Qué te han hecho?— inquirió desconcertado porque les pidiese que los dejaran. Temía que se hubieran mofado de ella u algo. Aunque en verdad sabía que no era eso, lo que le desconcertaba y activaba un nerviosismo que no había sufrido hasta entonces ¿Qué podía querer para tenerlo solo? Si ya no eran nada, según dejó claro ella eso hacía unos meses. No quería casi que verlo ni en figurita, si le preguntabas a Guido sus sensaciones. Pero los niños, simplemente los dejaron solos y el silencio ahora si se volvió abrumador.
La pregunta le sentó cual baldazo de agua fría. Se sentía un imbécil por haber realizado el gesto frente a ella y lo mejor que se le ocurrió fue hacerse el estúpido, mientras pegaba la mano al costado de su cuerpo como si estuviera en la pose de tener los brazos en jarra. —¿Eh? ¿De qué hablas?— inquirió mirando a su alrededor como quien no comprende. —Ah, si, ya sé, creo que es aquí dónde Rémi le pateó el culo a ese molesto bravucón— trató de improvisar Guido. Extrañamente, no recordaba bien como se dio, el punto exacto donde lo quemó. Si sabía que él ya no tenía la playera encima y todo estaba subiendo de temperatura, pero jamás lo habría creído tan literal. Incluso, los días posteriores, había bromeado constantemente con ello y sus conocidos, los que lo sabían. Hasta que ella luego de una semana sin hablar, quiso "cortar por lo sano". La caricia, encima, en un principio se había sentido tan bien y a continuación fue tan intensa y efímera que le había quemado la piel y dejado en carne viva, ardía si, pero si se movía, si se rozaba. Había tardado en sanar y el resultado fue un recuerdo rosado de carne irritada con forma de mano. Era como llevarla a ella consigo todo el tiempo. Su mirada se elevó buscando las orbes castañas de ella y percibió el gesto que ella se rehusaba a realizar. Aquello fue lo que dolió y simplemente quedó allí contemplándola.

Debía irse, quería irse ¿Qué hacía allí? ¿Qué hacían allí? Ella no quería ni tocarlo, él no entendía que había sucedido. Solo que una caricia había derrumbado lo poco que había alcanzado a construir con solidez por primera vez en su vida. Quizás el problema era él, quizás no estaba hecho para esas cosas. Tragó saliva, con dificultad y levantó un pie, hacia atrás, medio paso inconcluso como en cámara lenta. —Yo... también lo siento— expresó, terminando de dar ese paso. —pero debo marcharme ya— concluyó sonriendo con amargura y falsedad, en forma de despedida, la saludó con la mano, de lejos. No podía quedarse allí y no iba a meter excusas, no iba a mentirle, por no podía seguir con eso cuando sentía tanto rechazo por parte de ella y encima hacia él. Porque así lo entendía e interpretaba el italiano. No era muy listo que digamos.
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Re: Somebody that I used to Know — Guido

Mensaje por Frida A. Goldsworthy el Dom Jul 19, 2015 9:58 pm

¿Qué estaba haciendo? ¿Una representación para los niños para mantenerlos contentos? Inclinado como si hubiera presentado un espectáculo, se veían tan relajo y supuso que  la presencia de ella acabaría con aquello, pero ya era tarde para girar sobre sus talones y abortar la misión. Y así fue, justo como ella lo había predicho, su llegada a la escena hizo que se produjera una extraña situación, de pasar a estar riendo junto a los pequeños todo se volvió muy raro e incómodo. ¿Qué esperaba la pelirroja, una cálida bienvenida y como si nada hubiera pasado entre los dos? No, las cosas cuando acaban complicaban todo. Frida sabía que la manera en que había terminado no había sido lo apropiado, quizás había sido muy dura con ella misma y como consecuencia con él, no dando razones creíbles que los llevaran a romper. Por un error había acabado algo que le había hecho bien durante un buen tiempo, quizás la mejor relación y a quien había estado dispuesta a entregarse, pero sus manos se habían encargado de arruinar cualquier cosa.
 
Negó rápidamente, aquellas chicas eran sus compañeras pero no sus amigas, cualquier amistad suya no la hubiera alentado a enfrentarlo sin asegurarse antes de si Frida se encontraba preparada y mucho menos se hubieran quedado ahí mirándolos expectantes de que algo ocurriera para llevarlo como un chisme al castillo – Compañeras, no amigas—le informó – y no mientas, arrugaste tu nariz, sí te molestan, pido disculpas por ellas—mencionó frunciendo el ceño, no le gustaba que lo hubieran molestado, ya difícil debía ser enfrentársele a ella y peor a muchos pares de ojos observándolo. Asintió ante sus palabras antes de sospechar que él no hablaba de los países que extrañaban. Debió haber practicado más su autocontrol, debió haberle dicho el miedo que sentía que aquella situación hubiese vuelto a ocurrir, debió haber previsto que aún no estaba preparada y que era incapaz de manejar ciertas situaciones. Tantas cosas que pudo haber hecho en el pasado la mantenían aun pensando en el presente, pero eso era, pasado, algo que debía olvidar y dejarlo ir –Distintas o no, querer es querer, simple — era un sentimiento pese a las diferentes magnitudes que podrías sentir por objetos, ciudades o personas. Tragó saliva, no quería seguir pretendiendo que hablaban de otras cosas cuando hablaban de ellos, no era estúpida. Prefirió enfocarse en las miradas confusas de los niños, seguramente eran ellos quienes menos entendían la situación, los envidió porque todo cuando era más pequeña era más fácil, su máxima preocupación eran las clases y no el hecho de preocuparse de sus sentimientos y de los ajenos, de aquellas personas que la rodeaban y eran parte de su mundo.
 
Estaba incomodo, por sus palabras podía decir que ella lo había casi obligado a confesar que había hecho en sus vacaciones ¿Dónde entonces? Se preguntó impertinente, no quería seguir excavando en sus vacaciones si él apenas había soltado una simple frase, en su posición ella no hubiera tenido problema en contarle lo que ella había hecho, era un libro abierto con las personas que confiaba. Era aquella actitud la que muchas veces la había exasperado, Frida jamás había tenido problemas de confesar sus actos, pero sí sus problemas, aquella era la similitud entre los dos jóvenes – Ok, entiendo, no quieres hablar—se encogió de hombros con falsa despreocupación, porque por dentro su mente maquineaba preguntas. Tuvo que dejar pasar el tema por obligación. Negó riendo aún más cuando él lo hizo, eso es Goldsworthy, al fin le había sacado una carcajada – ¿Cual equipo? ¿El de los ancianos enojones? Porque sí es así, no—bromeó sonriéndole ampliamente, claramente estaba en su equipo, a aquellos niños apenas los conocía, solo intentaba mostrarse divertida. Se mordió la lengua para calmar la risa, se había vuelto algo incontrolable por los nervios y no quería asustar ni a Guido ni a los otros tres.

Al segundo que los vio irse supo que era un error, ahora no los podía ocupar como distractores para la conversación y debía centrarse en él – Me han quitado casi todo el chocolate, es preferible echarlos antes de que los hubiera golpeado—respondió mostrando su bolsa como excusa, no le importaba si se hubiesen llevado todo pues el hambre que tenía se había extinguido al completo. Además Frida jamás golpearía a niños por quitarle lo que más le gusta, a adultos sí, pero a niños jamás. Elevó una ceja al ver como cambiaba de posición sus manos ¿En serio creía que ella no se daría cuenta que intentaba pasar desapercibido? – ¿Rémi ha peleado con alguien?—aquello la tomó por sorpresa y por un segundo se olvidó de su pregunta anterior, Frida concéntrate solo intenta cambiarte el tema, y casi lo había logrado – Me refería a tu quemadura, no te hagas el tonto—lo regañó frunciendo el ceño. ¿Por qué seguía intentándolo? Intentando acercarse a él cuando lo había alejado, queriendo que él le hablara y contara sus cosas, él no le debía nada a Frida y ella tenía que entenderlo. ¿Qué? ¿Eso era todo? Su boca se abrió un poco por aquella efusiva despedida, la estaba dejando allí en el parque a merced de aquellas compañeras que parecían cuervos esperando por Frida, deseosas de saber detalles del encuentro – Bien… nos estamos viendo en clases—error, ya no compartían clases, diferentes dones los separaban—en el castillo, en el pasillo, con Rémi, no sé—afirmó con más fuerza la bolsa– Que te vaya bien—habló en un tono más fuerte para que la pudiera escuchar. Lo observó alejarse de ella, era el momento de moverse, de volver con el grupo de chicas. Volteó su cabeza para mirar a sus compañeras quienes la llamaban con sus brazos, no, no iba a volver con ellas. Las despidió con la mano y comenzó a alejarse a paso apresurado, no sabía dónde iba pero lejos de cualquier persona que la conociera era perfecto.
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Re: Somebody that I used to Know — Guido

Mensaje por Guido A. Martucelli el Miér Jul 22, 2015 1:06 am

La negativa por parte de su ex simplemente logró desconcertarlo. Que sí, que no, que tal vez. Entonces ¿por qué estaba junto a ellas? Quizás era cierto, no eran sus amigas y aun así no tenía por qué no salir o estar en ese parque junto a ellas. Podía habérselas encontrado allí y al estar sola la invitaron. Siendo Frida, sonaba lógico, la pelirroja muchas veces dentro de su amabilidad no decía que no ni aunque la idea no la emocionase. Pero si era gracioso el hecho de que negase su amistad con ellas. —No son tus amigas y aun así ¿te disculpas por ellas?— planteó entre divertido y extrañado el italiano. Era su indomable curiosidad la que tomaba el control en esos momentos y realizaba la pregunta, literal y directa. Sin rodeos y con honestidad. A veces parecía más rudo de lo que pretendía ser pero contaba con que la gente y en especial ella, no recibiera mal aquella pregunta o reflexión.

Guido no tenía problemas con Frida. O eso se decía a sí mismo para superarlo, era un método que a largo plazo quizás no funcionase: enterrarlo todo. No hablar, no decir, no aceptar, no asumir. Pero no con los demás, eso es un detalle secundario, sino con uno mismo. Lo enterraba, lo encerraba todo dentro suyo y lo negaba a su propia mente. Transformaba su realidad en definitiva. No estaba resentido, no estaba herido, no estaba desconcertado. Tampoco se sentía ni frustrado y mucho menos impotente. Era una bomba de tiempo que por ahora podía manejar. El problema llegaría en una hipotética situación dónde Frida continuase adelante y simplemente saliera con alguien más, conociese más gente. Guido no pretendía que ella se quedase estancada, después de todo mal que le pesase debía asumir el hecho de que ella no lo quería. Sobre todo luego de su contundente respuesta. "Entonces, queda claro, tu no me querías y ya, simple. Si, muy simple" reflexionó y percibió en su propio decir mental cierto veneno corrosivo en lugar de saliva como quien dice.

Jamás se había sentido cómodo para hablar de su familia. Incluso, ni siquiera Rémi sabía sobre su abuela o su madre, su padre tampoco ya que jamás lo mencionaba, ni lo pensaba, mucho menos pretendía. Solo sabían los demás que tenía una abuela, porque era de la única que podía llegar a hablar en un clásico comentario como: "si llego a decir tal cosa o hacer tal otra en casa, mi abuela me pegaría un golpe que ni te cuento". Típico comentario que uno haría sobre su madre, las abuelas tienen otro tipo de relevancia en la vida familiar normal. El problema es que su vida familiar no era tal y precisamente por eso no hablaba de ella: "oh si, me crió mi nona, es que mi madre es una persona que jamás se interesó por mi, adicta, alcohólica y dependiente de amoríos efímeros y mediocres para sobrevivir a su miseria. De mi padre solo sé que me dejó tirado ni bien supo que mi madre estaba embarazada". No, era algo que simplemente él jamás mencionaría. Todos tenemos un muerto en el placard. —Bueno tampoco es que haya mucho más interesante por contar...— se excusó entonces Martucelli, comenzando a ponerse a la defensiva. No sabía qué le molestaba más, si su actitud de despreocupación o sque ella se pusiera de pronto tan insistente con eso de contarle o no hacerlo. Como si no confiara en ella ¿Se iba a quejar? Suponiendo que no lo hiciera, culpa de Guido no era.

El despeinado muchacho continuó riendo con normalidad hasta que poco a poco las risas se fueron apagando. Incluso coronó sus risas con un suspiro final en lo que recuperaba el aire. Pero sus labios continuaron curveados hacia arriba, en una sonrisa contemplativa a las risas de ellas. Eran las cuales le hacían aun más bonita si cabía. Lo aislaban incluso del momento inmediatamente anterior donde él hasta había llegado a ponerse a la defensiva. Tuvo ese acto reflejo, un impulso sin premeditar de alzar una mano para acariciar su mejilla como solía hacerlo antes. Pero apenas la elevó se dio cuenta y se detuvo, se congeló. Mas tampoco relajó nuevamente el brazo, quedó simplemente ahí, en un amague a subir. Resultó incómodo, más si se tenía en cuenta que era imposible que ella no lo notase, lo que lo apremió a hacer acopio de sus fuerzas de voluntad y regresar el brazo a su sitio.

Guido comenzaba a estar demasiado nervioso o a preocuparse de más como para pensar una respuesta oral a la frase de Frida. Pero atinó a sonreír de manera comprometida y festejarle un poco el comentario. De pronto todo se había vuelto demasiado extraño. Era el final de una ilusión tan infantil como creer que ellos dos estaban bien ¡Claro que no lo estaban! Ni podían estarlo. Lo había quemado y luego de eso lo había botado. Ni él era capaz de permanecer "bien" luego de algo así. —Si, ya sabes, ¿cuándo no pelea Ré...— quiso insistir Guido, creyendo que finalmente su estrategia le había salido de manera de exitosa y podía haber logrado esquivar la bala. Pero no, ella se percató e interrumpió la sentencia de su plan. Cerró los ojos y apretó las muelas, los labios. Maldecía mentalmente su mala suerte. —¿A mi quemadura?— se sorprendía en realidad que se lo preguntase de esa manera. —Está bien, ya curó casi por completo jaja...— replicó Guido para dejarla tranquila. Era cierto pero no dejaba de sentirse extraño al tocarse esa parte de su cuerpo y sentirla distinta. —Además, ahora puedo decir que fue una quemadura que me gané en una épica batalla con un Feu— bromeó el italiano pero luego se arrepinitió. No quería que ella se lo tomara como que quería mentir sobre el origen de esa marca en su cuerpo o que quería mentir sobre ella ni nada por el estilo.
En ese momento parecía tierno su gesto, su actitud e incluso la preocupación que parecía experimentar la pelirroja por quien era su ex-novio. No habían terminado mal o mejor dicho, no de una forma tan mala y trágica como para ni siquiera hablarse. Pero tampoco iba a engañarse el napolitano: bien no habían terminado. Y es que a él le faltaban unas cuantas explicaciones sinceras. No era solo cuestión del "qué" sino también del "cómo" en definitiva.

De pronto, no obstante, todo se tornaba gris. Era ese gris triste, gris sucio. Ese gris que podías ver en el centro de Roma cuando arribabas a la estación central de trenes. No, era un gris peor. Era un gris en el cual había vivido toda su infancia hasta que lo rescató su abuela. Era el mismo gris que le brotaba del pecho y contagiaba todo a su alrededor cuando en la escuela era el día de llevar a tu padre a la escuela para que cuente sobre su trabajo. O el día del niño y él todo el regalo que alcanzaba a recibir era un abrazo condescendiente de su maestra de turno. Era un gris que se había prometido dejar atrás para siempre y ella lo traía de nuevo a su vida. No, no y no. Ni siendo Frida le iba a permitir que le provocara tanto mal. —Yo, este...— por un momento se sintió mal. Que irónico, quemado, dejado cual perro y encima sintiendo él la culpa. —...lo siento— culminó antes de voltear y marcharse de así con la mirada perdida. En cuanto llegó a una esquina del parque, en lugar de cruzar la calle salió volando y se dedicó a planear entre corrientes de aire. Cuando aterrizaba, volvía a despegar y se movía entre los techos del poblado. Ahora tenía un motivo más por el cual no quedarse o regresar antes a Francia en el verano. Por suerte ya no habría más veranos de vacaciones escolares dentro de poco.

Off-rol escribió:¿Cerramos, no? ¿Envías tu?
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